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Siendo pecadores, Cristo murió por nosotros

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«Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8).

¿Deseaste alguna vez la muerte de una persona que consideraste indigna de recibir misericordia? Por ejemplo: secuestradores, narcotraficantes, abusadores de niños, asesinos, etc. La realidad es que más de una persona lo ha deseado, y puede ser que hasta se haya pensado en la anticipada muerte del cónyuge.

Con toda honestidad, este mundo sería mucho mejor sin estas personas indeseables en la sociedad. ¿Estarías de acuerdo con hacer algo bueno a favor de alguna de ellas? ¿Estarías de acuerdo incluso con tomar sus culpas y pagar por ellas, absolviendo al malvado? La respuesta general sería un rotundo «no». Que el malvado pague por lo que hizo y que no lo hagan las personas inocentes. Sería muy grave pensar en perdonar a un asesino en serie confeso y que en su lugar se culpe a un inocente probado.

Lo cierto es que los humanos tienen esa condición porque todos fueron declarados culpables, pecadores confesos y reos de muerte por la justicia divina. El universo entero estaba consiente como testigo de que la paga era la muerte; sus actos lo merecían. Nadie se opondría a la idea de aniquilar a la raza humana.

Entra entonces en el escenario el ser más inocente del universo, Cristo Jesús, quien asume la culpa humana y pide voluntariamente morir en su lugar. El universo entero se asombra. ¿Por qué? ¿Cómo puede ser esto posible? No es normal, no es lógico; es aberrante que un ser inocente pague la culpa de los transgresores.

Quizá podrías suponer que valga la pena salvar y morir por aquellos que son más o menos buenos, si es que acaso hubiera alguien así. El asunto es que no hay uno solo y Cristo quiso morir no solo por los buenos, sino por todos, incluyendo a los más malvados entre los malvados. No tiene lógica y va contra lo humanamente correcto, pero Cristo lo hace por su gran amor.

Cuando te sientas indigno, demasiado pecador para levantar los ojos al cielo, recuerda que hubo uno que ya dio su vida por ti a fin de que tengas esperanza, aun sin merecerlo. Lo ganado no es por lo bueno que eres ni por las buenas obras que haces, es sencillamente por el amor de Cristo. Cristo murió por cada uno aun siendo pecador, porque todo es por su gracia.

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