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El pecado primario es separarse de Dios. Cuando una persona lo hace, entonces es presa de cometer cualquier pecado, porque una vez separado de Dios no hay obstáculo para experimentar cualquier placer o complacencia que el hombre carnalmente quiera.
Pablo amonesta al que no ofrece ninguna parte de sí mismo y lo llama instrumento de pecado. Si cuidas que tu mente no se desconecte de Dios y te esfuerzas para que permanezca adherida al Espíritu Santo, entonces la mente de donde salen todas tus decisiones permanecerá controlada por el Espíritu Santo.
Lo cierto es que el pecado siempre tocará a la puerta, ya sea por medio de los ojos, los oídos, el tacto, el gusto o el olfato --a algunos les gusta llamarlos las avenidas del alma. Por otro lado, sé que se necesitaría una reflexión diaria para hablar de cada uno de los sentidos, siendo que hay mucho que comentar acerca de ese tema. Por ahora, la reflexión será sobre cómo el ser humano puede llegar a pecar con los ojos con los cuales tiene la bendición de mirar.
Se trata de una parte muy complicada del cuerpo, ya que todos los días, a toda hora, donde coloques tu mirada, seguro será un desafío no pecar con ella, especialmente con los hombres, dado que los caballeros pueden ser presa fácil del pecado. Las imágenes que recibe la mente son traducidas en deseos que llevan a decisiones pecaminosas.
Si hablara de otro sentido no terminaría en una simple página; por tanto, lo que quiero resaltar es el hecho de no permitir que ninguna parte de ti se convierta en instrumento del pecado, pero ¿cómo se logra? ¿Qué ser humano es capaz de no pecar con los ojos, el oído, el tacto, el gusto y el olfato? La respuesta es nadie; no hay ser humano que no peque. La Biblia dice que no existe ni uno entre los más de siete mil millones. Todos son pecadores. Incluso los más santos están salpicados del lodo del pecado.
La única garantía es Jesús. Él ya vivió por los hombres, declarándolos inocentes. Aunque su tendencia es pecar, Pablo advierte que no se permita que voluntaria y conscientemente, con alevosía y ventaja se permita que alguna parte de ti mismo sirva como instrumento del pecado. Puede haber situaciones incontrolables para todos, pero Cristo y su Santo Espíritu será de ayuda en la pruebas para que por Jesús sepas que ya eres vencedor. Él ya luchó por ti porque todo es por su gracia.