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Si eres un creyente de Jesucristo, ¿recuerdas cuándo empezaste a creer en él como tu Salvador? quizá no lo recuerdes porque tus padres te lo enseñaron o también puede ser que creíste en Jesús de una manera extraordinaria, quizá por algún milagro, una enfermedad o un problema resuelto. Cabe la posibilidad de que, como muchos, alguien te instruyó bíblicamente para enseñarte el mensaje de salvación y así llegaste a conocer a Jesús. Puede haber mil caminos, pero lo cierto es que llegaste a creer en Jesús como tu Dios.
¿También recuerdas el momento exacto en que dejaste de ser un incrédulo para empezar a ser un creyente? La respuesta se vuelve más complicada. La gran mayoría no recuerda con exactitud ese momento, pero lo importante es que llegó a ser creyente de Jesús.
Dios empieza a trabajar en tu corazón desde antes de estar en el vientre de tu madre. Cuando llegas a este mundo, el Espíritu Santo empieza su trabajo de transformación y lo hace de manera muy sutil. Tiene mil formas de hacerlo y utiliza todos los elementos a su disposición, creando maneras de cómo hablarle más claramente a tu conciencia y corazón. Pero, sin dudar, la manera más efectiva como Dios te habla es mediante su Palabra. Cuando escuchas lo que dice en la Biblia, el Espíritu Santo aumenta la fe en ti.
La fe viene de escuchar la palabra de Dios porque no puedes generar más fe ti mismo. Por eso los discípulos le dijeron a Jesús que aumentara su fe, ya que esta se produce al estar en contacto con su mismo autor, Cristo Jesús. Es por ello que debes buscar e idear maneras de estar diariamente en contacto con la Palabra.
Existen muchas formas de estudiar la santa Biblia, pero una de ellas es hacerlo tan pronto te despiertes. Que lo primero que hagas como parte de tu actividad diaria sea dedicar un tiempo para estudiar la Biblia. Después te ocuparás de mil cosas y no podrás estudiarla, porque tendrás mil excusas aludiendo siempre a que tienes mucho que hacer y no tienes tiempo. Tener más fe es posible. Escucha, estudia, habla y piensa en la palabra de Dios. El Espíritu Santo hará el resto, porque todo es por su gracia.