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Cosas que ojo no vio, ni oído oyó

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«Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Corintios 2: 9).

Aparentemente, ya no hay límites para la imaginación humana. Las películas de ciencia ficción parecen haber rebasado por mucho la realidad y otras cintas realizadas hace años han sido alcanzadas y rebasadas por lo que hay disponible hoy en día. Los productores se esfuerzan cada vez más para pensar en cómo será el futuro. Muchos hombres acaudalados han ideado las mansiones más hermosas en los lugares más exóticos, de manera que pareciera que no hay límites para realizar lo inimaginable.

Sin embargo la cita de hoy dice: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, [...] son las que Dios ha preparado para los que le aman». ¿Cómo será? ¿Puede algún mortal imaginar lo que Dios ha preparado para sus hijos? Quizá habrá algunos que digan que sí, mientras que otros creerán que no. Los que confían en Dios están más que convencidos de que no hay mente humana que pueda concebir todo lo que ha preparado para sus hijos.

Piensa en algunas particularidades: una ciudad sin hospitales, sin cementerios y sin cárceles de las cuales no habrá necesidad. La enfermedad no existirá más, la muerte será un enemigo inexistente y la maldad habrá desaparecido. No obstante, no hay condiciones actuales para pensar en una sociedad sin enfermedad, muerte o libre de crímenes y maldad. Una sociedad libre del temor, ansiedad, hambre, problemas financieros, casa y habitación es imposible de percibir. Todo lo que te rodea está salpicado con la tragedia, el temor y la muerte.

Por otro lado, Apocalipsis 21 menciona que la ciudad que Dios ha preparado tiene más de 2200 kilómetros de largo, alto y ancho. No existe país que pueda albergar tal cantidad de terreno para una ciudad así y no hay manera de imaginar un cimiento para un edificio de 2200 kilómetros de alto. La imaginación queda corta para soñar con una ciudad de tal magnitud.

Dios hará una restauración total en la atmósfera, en la tierra y en los cielos, una armonía no concebida. El hombre podrá conocer a seres completamente sanos e inmortales con una forma de comunicación diferente y viajará más rápido que la luz, a la velocidad del pensamiento como los seres angelicales que ahora están en la presencia de Dios. Por todo ello, las Escrituras son claras, porque todo esto está más allá de la imaginación del hombre.

¿Será difícil de creer para los escépticos? Sí. Razonablemente no se puede creer porque está fuera de la concepción humana, pero para los que tienen fe en Dios es la gran esperanza. El retorno de Jesucristo a esta tierra será la inauguración de esta nueva etapa del gobierno de Dios cuando todo regresará a ser como él lo creó antes del pecado: perfecto, armonioso y sin mácula de maldad. Los que confíen en su providencia lo verán, lo palparán y lo disfrutarán, porque todo es por su gracia.

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