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El sostenimiento del ministerio evangélico siempre ha sido un desafío. Hay quienes gustosamente dan sus diezmos y ofrendas a Dios como apoyo a su causa, así como otros que albergan muchas dudas con relación a la administración de los fondos que llegan a la Iglesia y no están del todo comprometidos. Otros, sin lugar a duda, no quieren comprometerse.
La Biblia es muy clara al respecto. El apóstol Pablo, como predicador del evangelio de Jesús, recibió ofrendas de diferentes iglesias con respecto al sostenimiento de su ministerio. Como la Iglesia cristiana no estaba organizada, el hecho de entregar los recursos financieros a los apóstoles era bien visto y considerado como buena práctica. Pablo mismo llevó ofrendas a los apóstoles a Jerusalén en momentos especiales.
Así como hoy algunos critican el ministerio pastoral establecido en la Iglesia, Pablo era criticado por algunos; sin embargo, defendió su ministerio de forma contundente y, aunque algunas iglesias le daban ofrendas para continuar con la obra, definitivamente los recursos no eran suficientes, así que tenía que trabajar todo el tiempo en labores seculares para ganarse la vida. Aun así, escribió lo que leíste en el versículo de este día.
En la actualidad, la Iglesia se encuentra organizada. Todos los diezmos fluyen a la tesorería de la Iglesia, de donde se toman los recursos para pagarles a todos los pastores que se dedican a la obra del ministerio evangélico a tiempo completo. Por supuesto, ningún pastor decide cuánto va a ganar, porque esto lo decide una junta representada por pastores, maestros y laicos, con el objetivo de que la cantidad asignada sea suficiente para que el pastor viva con decoro, pero que tampoco sea tanta para que se enriquezca ni tan poca que dé lástima.
La historia, el tiempo y la experiencia dicen que generalmente aquellos que critican la forma de sostenimiento del ministerio pastoral no participan con sus diezmos y ofrendas. Quizá usan la crítica como un pretexto para no participar. Pero también enseñan que aquellos que son fieles no solo son felices, sino que viven con un espíritu de satisfacción sabiendo que están sosteniendo la obra de Dios y a la predicación del evangelio, ya que con los diezmos no solo se le paga a los pastores, sino que se usan para materiales de evangelismo y campañas públicas de evangelio en todo el mundo. Por eso debes recordar que ser fiel es solo por su gracia.