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La cabeza del hombre es Cristo

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(Primera parte) «Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo» (1 Corintios 11: 3).

¿Quién manda en el hogar? ¿El hombre? ¿La mujer? ¿Los dos? ¿Puede haber dos cabezas en el hogar? Las estadísticas son contundentes. Según el INEGI, en el año 2015 se registraron 556 883 matrimonios en México, pero también se registraron 123 883 divorcios. Eso quiere decir que de cada 100 matrimonios 22 se divorciaron. Pero esto no es ninguna novedad, de hecho, se podría esperar que la estadística es mayor en los divorcios, como sucede en muchos países industrializados.

El punto es que la mayoría de las parejas se divorcian por infidelidad, administración del dinero, disciplina de los hijos, parientes cercanos entrometidos, entre otros. En cada caso hay un elemento común: la lucha por el poder; quién controla las cosas en el hogar. Por naturaleza, el ser humano tiene la tendencia a controlar, mandar, manipular o cualquier sinónimo que te parezca si en el matrimonio no existe una buena comunicación ni tampoco una educación básica sobre los deberes y derechos de ambos. Es seguro que el matrimonio entrará en una situación difícil de convivencia.

El registro bíblico aconseja en esta mañana que la cabeza del hombre sea Cristo. Creo que los hombres se sienten cómodos con relación a esta declaración, ya que están conscientes y felices de considerar a Cristo como su cabeza para que los gobierne -hasta podría decir que lo desean—. Pero la Biblia también dice que la cabeza de la mujer sea el hombre. Admito que esto suena muy machista o como fuera de época. Podrías incluso considerar que el contexto cuando fue escrito es muy diferente al actual. El caso es que no toda la gente se siente cómoda con esta declaración.

Pero hay que analizar la primera parte. Hay una pregunta que surge en esta relación: ¿cómo trató Cristo al hombre? ¿Lo humilló, se enseñoreó de él, lo manipuló, lo gobernó, lo hizo sufrir? No. Cristo perdonó, ayudó, empoderó, justificó y murió por el hombre. El Señor no solo dijo que lo amaba, sino que le demostró con sus actos cuánto lo amaba. ¿Te gustaría ser una cabeza como Cristo? ¿Quieres ser la cabeza de tu esposa? Entonces actúa como Jesús y seguramente a le encantará ser tratada como Jesús te trata a ti, porque todo es por su gracia.

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