|
Si tuvieras que buscar un título para tu vida, ¿qué títulos pondrías? Seguramente pensarías sobre quién eres, lo que has hecho y reflexionarías sobre tu existencia para definir en una frase el título de tu vida.
Jesús nació para morir. Simple y llanamente, su decisión había sido tomada en una reunión divina: vendría a este mundo y viviría como humano con el propósito final de morir a temprana edad de una muerte cruel e injusta. «Nacido para morir», «vivir para otros», «morir para salvar a otros», «del cielo a la tierra para morir». ¿Qué título crees que se pondría Jesús? Por supuesto, la santa Biblia le da muchos nombres y títulos como «Hijo del hombre», «Emmanuel», «la Estrella resplandeciente», «el Cordero de Dios», entre otros.
En este capítulo de 1 Corintios tan consultado por los cristianos, el apóstol Pablo cita las palabras de Jesús: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo». El Señor no está hablando de que hay que convertirse en un caníbal para comer carne humana, sino que habla simbólicamente de aceptar su sacrificio a favor de la humanidad.
El propósito de su vida fue siempre ofrecerse en sacrificio a favor del hombre. El ser humano no tenía ninguna noción del sacrificio expiatorio, vicario, de Cristo. Casi todos los que lo estaban mirando morir el día de su crucifixión no tenían la menor idea de lo que esto significaba. Cristo, como el Hijo de Dios, se ofrecía voluntariamente para morir a favor del hombre y estaba diciendo desde la cruz que tomara su carne ofrecida en sacrificio para salvarlo.
Comer la carne de Cristo es un acto simbólico, una decisión voluntaria donde reconoces que hubo alguien que murió en tu lugar, alguien que no lo merecía. No fuiste consultado ni eres digo de que alguien muriera por ti, pero Jesús lo hizo porque te ama.
Adán y Eva pecaron; la raza humana como tal estaba sentenciada a morir por siempre, pero Jesús tomó su lugar por voluntad propia. Al morir en la cruz te dio la oportunidad de aceptar su sacrificio vicario para que fueras salvo de la condenación del pecado. La provisión está hecha, pero solo será efectiva cuando también, como Jesús lo hizo, cada uno le diga: «Señor, acepto tu sacrifico en mi favor, como tu carne y reconozco tu muerte en la cruz para mi salvación».
¿Qué responderás tú? La provisión ha sido hecha, todo está en tus manos. Sugiero que no tardes, porque tu respuesta puede ser para vida eterna o para muerte eterna. Jesús ya lo hizo todo por su gracia.