|
El derramamiento del Espíritu Santo se dio en el contexto del cumplimiento profético. Dios sabe que era indispensable la tercera persona de la deidad para capacitar a su Iglesia. Siempre estaba presente para acompañar, instruir, aconsejar, decidir, empoderar y lo que fuera necesario para el cumplimiento de la misión.
La Iglesia primitiva en el aposento alto recibió el don de leguas como una herramienta necesaria en su contexto para la predicación del evangelio. Miles de personas habían llegado a Jerusalén con motivo de las fiestas de pascua y personas de diferentes nacionalidades y lenguas estaban todas juntas, por lo que predicarles en su idioma era una oportunidad de oro. El Espíritu Santo capacitó a su Iglesia con el don apropiado para expandir el reino y Dios utilizó el momento y la oportunidad apropiada.
Con el paso del tiempo, lamentablemente, muchas personas que asistían a las diferentes congregaciones llegaron a creer que el don de lenguas no solo era una herramienta, sino una señal para determinar si tal o cual persona había recibido el Espíritu Santo, así que muchos empezaron a hacer alarde del don como señal de que habían recibido su bendición. Como era de esperarse, el apóstol Pablo pronto tomó cartas en el asunto y, así como había aclarado diferentes puntos de otros asuntos controversiales, aclaró que las creencias de que el don de lenguas era una señal de posesión del Espíritu Santo eran erróneas.
El apóstol le aconsejó a la Iglesia que si alguien quería hablar en otra lengua que no fuera la hablada por la congregación, que hubiera alguien que la interpretara y, de no ser así, que la persona mejor se quedara callada. Por ejemplo, no hay necesidad de hablar en inglés si estás en una comunidad donde todos hablan español, pero si aun así quieres fanfarronear hablando en inglés sabiendo español, busca que alguien te interprete. Predicar la palabra es para fortalecer, edificar enseñarle a la Iglesia, pero si nadie va a ser edificado, es mejor guardar silencio. Dicho esto, si estás tan deseoso de hablar en el idioma que quieras o algún otro, hazlo con Dios a solas porque él te entiende.
Con esta posición, el apóstol echaba por tierra el don de lenguas como señal de posesión del Espíritu Santo. La realidad es que es él quien posee a las personas y quien las usa para cumplir la misión. Hoy puedes servir a Dios de diferentes maneras; el Espíritu Santo sigue capacitando a personas para hablar en otros idiomas cuando lo cree necesario y, entre tanto, tu gozo mayor debería ser servir con amor a Dios con todo tu corazón, recordando siempre que todo es por su gracia.