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Tesoro en vasos de barro

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«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4: 7).

Tristemente, el sistema de valores en el mundo es muy diferente al ideal cristiano.Por doquier, los hombres mienten para conseguir sus objetivos, roban para ser ricos, asesinan para satisfacer sus deseos y la lista podría ser interminable. No siempre los más exitosos son los más honrados. En este tiempo se observa cómo el presidente de la nación más poderosa del mundo es uno de los más mentirosos, agresivos e inhumanos y, sin embargo, muchos todavía confían en él. En definitiva, los valores actuales de la humanidad son de un mundo al revés.

Por otro lado, las Escrituras dicen que Dios tiene tesoros en vasos de barro, la cual es una figura muy interesante y discreta para mostrar el verdadero valor que Dios aprueba. Son las personas comunes y sencillas que ha elegido para mostrar su amor, poder y esperanza, valores que realmente se deben atesorar en el corazón del hombre.

En muchas ocasiones, estos hombres de Dios son los más oprimidos y, a pesar de que ante los demás pueden no tener valor, ante Dios son los ciudadanos del reino de los cielos que han de juzgar al mundo. La Escritura también dice que quizá estos hombres estén perplejos por la maldad de este mundo, pero no desesperados, porque saben en quién han creído. Su esperanza es segura en el Todopoderoso.

Además, pueden ser perseguidos pero no abandonados por los buenos ángeles, porque estarán siempre pendientes de cuidarlos aun en los momentos más difíciles. Los hombres y mujeres de Dios se podrán caer en algunas ocasiones, pero el Señor jamás dejará que sean destrozados. Sus cuerpos pueden morir, pero resucitarán gloriosos cuando sea la hora.

En fin, Dios tiene sus riquezas de los verdaderos valores que aprecia en vasos de barro, por lo que no debes afanarte cuando otros no los tienen cuenta. Él desea que los que lo conocen muestren su poder en su diario vivir. Los valores que den a conocer no serán acorde con los de este mundo, sino con los del mundo venidero, porque los que esperan en él no son ciudadanos de este mundo. En consecuencia, no deben vivir como vive el mundo, sino como embajadores del reino. Hoy vive como un hijo de Dios, mostrando su poder y su gloria, porque todo es por su gracia.

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