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Dios reconcilió al mundo por medio de Cristo

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«Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación» (2 Corintios 5:19).

lgunas veces he escuchado preguntas como estas: ¿por qué el Padre no se ha relacionado tanto con la raza humana como Cristo o el Espíritu Santo? ¿Pareciera que el Padre es muy distante para el hombre? ¿Qué tan interesado está el Padre en la salvación del hombre? Se puede creer que en verdad el Padre está muy lejos del hombre, pero no es así.

En realidad, las Escrituras mencionan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno. Felipe le dijo a Jesús: «Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre [...]. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí» (Juan 14: 8-9, 11). El versículo de esta meditación declara que Dios reconcilió al mundo por medio de Cristo; el Padre mismo estaba reconciliando al mundo con Cristo y la iniciativa de la salvación del ser humano empezó con el Padre. El Padre envió al Hijo y era necesario que el Hijo se fuera para que viniera el Espíritu Santo.

La misión de salvación es una iniciativa divina. Todo empezó en la mente de Dios: el hombre no solo no participó, sino que ni siquiera estaba enterado de que Dios estaba trazando un plan de salvación para él. El es el dueño de la misión y su principal propósito es salvar. Ha diseñado todo tan perfectamente en tiempo y espacio que no ha quedado nada al azar. Cuando miras a Jesús, estás mirando al Padre; cuando miras al Padre, estás mirando al Espíritu Santo.

Esto lleva al modelo de testificación. Dios envió al Hijo, el Hijo te envía a ti. Su palabra declara: «Como me envió el Padre, así también yo os envío» (Juan 20: 21). Cuando el hombre obedece a Dios participando de la testificación, está siendo parte de la reconciliación iniciada por el Padre. Se convierte en embajador del Padre y parte del esfuerzo divino para la salvación del hombre.

Sin embargo, la misión pertenece a Dios como su creador y diseñador. Al convertirte en un eslabón más de su gracia puedes experimentar el gozo del cielo al ver a un pecador arrepentido. Así que, cuando el Hijo estaba en la cruz, el Padre estaba con él; cuando el Hijo estaba en la tumba, el Padre estaba con él; cuando el Hijo resucitó de la muerte, el Padre estaba con él, pues son una sola cosa.

El padre te ama tanto que estuvo dispuesto a dar a su Hijo para salvarte. ¿Qué otra participación tan grande puedes pedir? Indiscutiblemente no puedes descifrar el misterio de la encarnación de Dios, el Padre y el Hijo juntos hechos hombre. Solo queda aceptarlo con gran agradecimiento, pues el Padre te ha reconciliado y ahora te encomienda su misión de la reconciliación. No olvides que todo es por su gracia.

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