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No os unáis en yugo desigual

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«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?» (2 Corintios 6: 14).

En muchas ocasiones he encontrado a jóvenes que se han enamorado de alguna persona que no comparte su misma fe. Van buscando consejo con propósitos de aprobación y, aunque saben que no es lo mejor, intentan aferrarse a una posibilidad de éxito, buscando la aprobación de personas que consideran que tienen un criterio maduro.

Lo cierto es que la Biblia tiene una posición muy definida al respecto. Aunque bien es cierto que de vez en cuando a alguna pareja con distintas creencias le va bien - no sin antes pasar por una serie de dificultades muy amargas-, el consejo sigue siendo no unirse en yugo desigual.

La Biblia presenta tres comparaciones ilustrativas en el versículo en cuestión. La primera es la comunión entre la justicia con la maldad, la cual no es conveniente debido a que los dos conceptos son polos opuestos, irreconciliables, que persiguen objetivos totalmente diferentes. La segunda es la comunión entre la luz y las tinieblas. De nuevo, son incompatibles porque la luz es sinónimo de vida y esperanza, pero las tinieblas representan la muerte y la tragedia. La tercera y última es la comunión entre Cristo y Belial. El uno es la contradicción del otro porque Cristo busca el amor, la aceptación y la humildad, mientras que Belial busca el odio, la desunión y el orgullo.

Cuando una persona decide unir su vida a un incrédulo, está asegurando un futuro sombrío y se ha colocado voluntariamente en el camino de la oscuridad, de la maldad y de la muerte. No es de extrañarse que la mayoría de estos matrimonios terminan en divorcio, trayendo a la pareja tristeza y dolor. La situación se recrudece cuando existen niños en el hogar, porque no solo se verán envueltos en una vida de sufrimiento, sino que quedarán marcados con muchas posibilidades de fracaso. Les esperará un camino tortuoso y difícil.

Por eso la Biblia sabiamente aconseja que te unas a uno de los de tu misma fe, alguien con quien puedes compartir los mismos objetivos de la vida, una persona que te respete y acepte sin condiciones y alguien que crea que Jesús debe ser el centro del hogar. Aunque casarse con un creyente no es garantía total de éxito, lo cierto es que las diferencias serán más fáciles de arreglar y se podrán convertir en una familia funcional. No perfecta, pero funcional.

Cuando los sentimientos ya están muy comprometidos con una persona que no comparte tu fe, se tiende a racionalizar: «Eso no me va a pasará mí», «soy una persona inteligente y preparada para saber cómo tratar estos problemas», «quizá les pase a aquellos que se dejan llevar por las emociones, pero no a una persona objetiva como yo», «bueno, no hay de otra. Esa persona me gusta y cada uno decide su vida».

La Biblia te aconseja que desistas. Seguramente Dios tiene una pareja para ti y si no ya sabrá que dejarte como estás te traerá más felicidad que casándote con una persona que no conoce tus principios. Para finalizar, escoger el consejo de Dios es escoger la vida, la luz y la esperanza, porque, recuerda, todo es por su gracia.

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