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Cristo se hizo pobre por amor

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«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Corintios 8: 9).

Hace algún tiempo a finales del siglo xx, una mujer llamada Dian Fossey decidió viajar al continente africano desde su país, Estados Unidos. Su propósito era luchar por el cuidado de los gorilas que estaban siendo exterminados con la venta y caza indiscriminada.

Muchos lugareños se vieron afectados con la iniciativa de Dian. Ella logró crear una ley para que los gorilas fueran protegidos en su hábitat. Una noche fue atacada con armas y machetes en medio de la selva y tristemente murió, pero los gorilas seguían caminando, gritando, jugando y saltando en los árboles como si nada hubiera pasado. Jamás comprendieron que una persona había muerto para rescatarlos.

El misterio de la piedad es indiscutiblemente grade. No se puede entender cómo el Rey de reyes y Señor de señores el Dios todopoderosose hizo una criatura y se vistió de carne y sangre como los humanos para salvarlos a todos. Ni siquiera estaban conscientes de que el Hijo de Dios estaba dando su vida por ellos; al contrario, muchos se mofaban gritando: «¡Crucifícale! ¡crucifícale! ¡Que su sangre caiga sobre nuestra cabeza, no lo queremos aquí, que muera!».

¿Cómo hacerlos entender? Qué paciencia y amor incomprensible. La Biblia dice: «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Juan 1: 11). El Hijo de Dios no necesitaba nada de ti: ni honra ni gloria ni riqueza ni nada; ya tenía todo en su reino y, como creador del universo, tenía la alabanza de miles de millones de seres perfectos.

¿A qué vino? ¿Qué lo movió a tal sacrificio? La única respuesta es el amor. Por amor se hizo pobre siendo rico para que con su pobreza fueras hecho rico. Por su sacrificio tienes la riqueza más extraordinaria, la esperanza y la vida eterna.

Lo que vives ahora pronto pasará. Miles de personas sufren enfermedades, dolor y desesperación sin saber qué hacer o de dónde asirse, pero al conocer a Cristo todo cambia. No puedes estar ciego como los gorilas; el Señor te ha dado suficiente luz e inteligencia para aceptar su amor incondicional. Sin importar cuán lejos te sientas de él o cuántas veces hayas gritado que lo crucifiquen o que no lo quieres, él te quiere aún. Te ama y está dispuesto no solo a perdonarte, sino a darte vida eterna. Hoy tienes la oportunidad de hacerlo, Jesús ya te demostró que te ama. ¿Y tú? ¿Lo amarás también? Recuerda: todo es por su gracia.

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