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Cada uno dé como propuso en su corazón

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«Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9: 7).

Definitivamente el tema de los diezmos y las ofrendas es muy controvertido. Hay quienes lo consideran un deber y quienes lo consideran una gratitud; también hay otros que lo ven como una pesada carga y unos más como un látigo de conciencia. Otros lo ven como un robo y algunos más como una sinvergüenza de clérigos que manipulan a sus feligreses. ¿Pero por qué dar? Es verdad que Dios no necesita nada tuyo. Después de todo, en Salmos 50: 12 declara: «Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud», así que ¿por qué dar? Daré solo tres razones.

Primera: Debes dar porque Dios lo manda. En el libro de Malaquías, Dios enfáticamente te manda a ser fiel en la devolución de los diezmos y de las ofrendas. Es un imperativo divino el entregar los diezmos y las ofrendas a la Iglesia.

Segunda: Das como un reconocimiento de que Dios es el creador de la tierra y de todo el universo. Al reconocerlo como Creador, sus criaturas le dan los diezmos y las ofrendas como un tributo. Él te ha dado todo y lo único que te pide para que no te olvides de que es el dueño es que le devuelvas lo que te pide. El ser humano tan egoísta en su naturaleza muy pronto olvida quién es Dios. Cuando tiene posesiones y se siente poderoso cree que no necesita nada de Dios. Es posible que lo recuerde si lo necesita cuando está cercano a la muerte, cuando ninguna posesión lo puede salvar.

Tercera: das porque reconoces el señorío de Dios sobre tu vida. Aceptas que gobierna tu voluntad, que tus pensamientos y sentimientos egoístas no harán que te olvides de que él es el Señor.

Así que, cuando des los diezmos y las ofrendas teniendo en mente estos tres conceptos, no debiera existir en tu corazón tristeza, enojo, resentimiento o cualquier otra emoción negativa. Si no quieres dar, no des. No tiene caso estar dándole a Dios si estás lleno de sentimientos de amargura, porque no disfrutarás la dádiva, tu adoración será pobre e inaceptable por Dios.

Dios no obliga a nadie porque eres tú quien necesitas de él. Es dueño de todo y puede sostener a su Iglesia de mil maneras sin depender de tus ofrendas. Si crees en realidad que eres dueño de algo, al final sigue siendo nada. Es por esto que te invito a dar gustosa, generosa y alegremente. Entonces podrás ver que tu vida será bendecida. Sé fiel con Dios porque vale la pena ser su hijo. Todo es por su gracia.

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