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Todos han crecido en algún entorno. Algunos tristemente tuvieron o tienen uno difícil o catastrófico, mientras que otros tienen la bendición de haber contado con padres amorosos y temerosos de Dios que le proveyeron a sus hijos valores cristianos, útiles para Dios, para la familia y para la sociedad.
Nadie escoge dónde nace, simplemente es donde le toca; sin embargo, a partir de ahí o desde antes Dios está haciendo esfuerzos para ayudar. Su misión es lograr que todos sus hijos tengan una oportunidad para la vida eterna y no decide el destino de ningún individuo, sino que es el individuo quien decide con su libre albedrío. Una vez que conoces a Dios, su santo Espíritu te ayudará a vivir de acuerdo con la vocación a la que fuiste llamado: la vocación de ser cristiano.
Un cristiano vive con toda humildad, que es lo contrario al orgullo. Doblegar el orgullo no es tarea fácil y solo el Espíritu de Dios es capaz de moldearte a la forma apacible de la humildad. El cristiano también debe vivir con paciencia, que es lo contrario a la irritabilidad y a la desesperación. Muchas veces en la vida se quiere que las cosas sean rápidas y te enfurece que otros lleguen o hagan algo antes que tú; reclamas tus derechos, peleas, exiges hasta comportarte como un verdadero energúmeno y si alguien dijera que eres un cristiano los demás se asombrarían. La paciencia es un fruto del Espíritu Santo que no es posible poseer a menos que le entregues tu voluntad.
Pero también la cita bíblica dice que debes vivir soportando con amor a los demás. Qué difícil es esto, especialmente porque se aprende a odiar por naturaleza. Lo cierto es que hay personas difíciles de amar. Es más fácil odiar que amar, pero aun a las personas más difíciles toca aprender a tolerarlas en amor. La verdad es que es muy complicado en particular con aquellos que son delincuentes o personas que se dedican a la maldad.
Pero Dios te invita a vivir con la vocación de ser cristiano. En este día pídele a Dios que te dé su santo Espíritu, ya que es el único que te puede hacer vivir con la vocación de hijo de Dios, porque todo es por su gracia.