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Todo el capítulo tres de primera de Juan habla de que todos son hijos de Dios como un asunto grandioso y en realidad lo es. Ser hijo de Dios es un honor inmerecido; nadie debería ser considerado su hijo, sino su enemigo.
Desde que el hombre pecó quedó destituido de la gracia de Dios. Fue rebelde, se volvió bastardo, sin opción de pertenecer a la familia del cielo nuevamente, pero Cristo vino a rescatarlo. Vino a salvar y a buscar lo que se perdió. En la cruz del calvario, el Hijo de Dios ganó el derecho de adoptar al hombre como hijo; una vez más; la provisión fue hecha para todos, pero solo será efectiva para los que la acepten de manera voluntaria.
Ahora el Señor declara por medio del apóstol que el que permance en Dios no peca. Es una declaración que al hombre le puede resultar difícil de entender por la sencilla razón de que su continuo vivir es pecar. ¿Puedes pasar un solo día sin pecar? Es más, ¿puedes pasar un par de horas sin pecar? La realidad es que es muy complicado, pero aun así la Palabra de Dios dice que el que ha nacido de Dios no peca. El apóstol Pablo también le dice a la iglesia de Corinto que si alguno está en Cristo, nueva criatura es (2 Corintios 5:17).
Pablo era una nueva criatura y siguió pecando; Pedro era una nueva criatura y se peleó con Pablo. Nacer de Cristo no te hace inmune al pecado de la noche a la mañana, pero al vivir con Cristo, el permanecer siempre a su lado, te hace partícipe de gracia, de manera que estás siendo perdonado todo el tiempo, entre tanto sigues creciendo espiritualmente a la altura de su voluntad. En este sentido no pecas porque incluso los errores que cometas son perdonados por la gracia de Cristo.
¿Quieres ser un hijo de Dios en el sentido de aceptarlo como tu Dios, de aceptarlo como tu Padre celestial? Será entonces que tus faltas serán perdonadas, no por lo bueno que llegues a ser, sino por la gracia de Cristo. Si lo aceptas como tu Señor él querrá permanecer siempre contigo en tu caminar diario, perdonando tus pecados continuamente como tu Padre de amor hasta que alcances la medida perfecta de su voluntad. Ven a Jesús, porque todo es por su gracia.