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El apóstol Juan escribe siete diferentes mensajes a siete diferentes iglesias. El primer mensaje está dirigido a la primera iglesia llamada Éfeso, iglesia que representa simbólicamente a la Iglesia primitiva, la iglesia conformada por los apóstoles y por los primeros cristianos de la historia.
Esta iglesia se caracterizó por ser una iglesia muy fiel, comprometida con la causa del evangelio, dispuesta a ser perseguida, encarcelada, golpeada y hasta martirizada por amor a Jesús. Predicaba su palabra en todo lugar y momento y se trataba de una iglesia movida por el Espíritu Santo hacia la terminación de la misión. Una característica que se le puede atribuir era que compartía sus posesiones con los demás a fin de que nadie pasara hambre. El amor que tenían los unos por los otros era una señal distintiva entre ellos, especialmente en el cuidado de las viudas y los huérfanos. Qué iglesia tan poderosa y ejemplar.
Sin embargo, con el correr del tiempo, el amor, su característica más importante, se fue perdiendo poco a poco hasta que finalmente dejó de ser su ideal. El apóstol Juan reconoce su labor, su entrega y su pasión por la misión, pero le dice que ha dejado a su primer amor, algo que le puede pasar a cualquiera en cualquier momento.
Quizá, cuando conociste al Señor, tu amor por él hacía que todo fuera posible y fácil. Participabas en la iglesia, predicabas a los demás, hacías obras de caridad y tu labor por Jesús era incansable, pero quizá empezaste a mirar que no todos estaban tan comprometidos como tú. Viste que incluso los dirigentes decían una cosa y hacían otra, y tu amor empezó a menguar con lentitud, al punto de que ahora solo hacías lo estrictamente indispensable. Ya no existía la pasión del primer amor.
Mi querido amigo, si este es tu caso, el mensaje es para ti. Si este no es tu caso, el mensaje te anima a que continúes en tu primer amor. Es fácil desanimarse, pero los que aman a Jesús no están en la Iglesia por agradar a nadie ni tampoco para seguir el ejemplo de otros tan imperfectos como uno mismo. El ejemplo personal es Jesús y su amor debe inundar tu corazón porque, después de todo, es feliz quien sirve con amor, ya que no importa lo que los otros hagan o dejen de hacer porque el compromiso es con Dios. ¿Quieres pedirle a Dios que te ayude a seguir amando en todo momento? Solo él puede enseñar a amar como él ama, porque todo es por su gracia.