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La cita de este día es extraordinariamente evocadora, siendo la profundidad de su significado muy fácil de captar pero dificil de enteder. ¿Te puedes imaginar la presencia del Dios todopoderoso detrás de tu puerta tocando con la esperanza le abras? ¿Qué necesita de ti?¿Qué le puedes ofrecer a un Dios que no le hace falta nada? ¿Cómo entender que el Rey del universo, que vive para siempre, cuyo reino no tiene fin, se toma demasiado tiempo buscando a una criatura finita y mortal?
Solo hay una respuesta: Dios es amor. Por amor busca a sus criaturas para ayudarlas y salvarlas; en efecto, está detrás de tu puerta no para pedirte algo, sino que está llamando para ofrecerte un regalo inmerecido e incuantificable: la salvación de tu vida por toda la eternidad. Es simplemente incomprensible.
El ser humano no entiende el amor de Dios y ni siquiera tiene conciencia de lo que el Señor le está regalando. Solo piensa en el aquí y en el ahora, lo que miran sus ojos y lo que su pobre visión alcanza a entender. Su esperanza es vivir bien por ochenta o noventa años y después morir. Pero Dios es paciente; espera todo el día nada pasa, espera muchas semanas, meses, años y a veces toda tu vida, a que le abras. Desea que lo hagas tú porque nunca forzará la puerta y no te obligará a que lo aceptes.
Si finalmente le abres, descubrirás el maravilloso regalo que te ofrece y pensarás mil veces: «Tonto de mí. ¿Por qué no le abrí antes?». Y si, por el contrario, no le abres, te perderás por tu propia decisión. Tuviste todo a tu alcance, pero dejaste a Dios esperando. No habrá nada que le puedas reclamar.
Mi querido amigo, ¿qué decisión tomarás? ¿Le abrirás a Jesús, tu Dios, o lo dejarás esperando? Qué tremenda decisión tienes en tus manos. Mi consejo para ti hoy es que abras la puerta de tu corazón y dejes entrar a Jesús. Él cambiará tu vida para siempre aquí y por la eternidad, porque todo es por su gracia.