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Cuando era pequeño escuchaba toda clase de cuentos fantásticos con relación a los muertos. lo cierto es que este tema ha guardado un gran misterio en su entorno; no es creíble mirar a una persona caminando y hablando contigo cuando hace tres días la has visto ser sepultada totalmente muerta. Es fácil concluir que se trata de un espíritu.
Los discípulos habían escuchado que Jesús vivía y los testimonios de los que decían haberlo visto eran convincentes, pero ¿cómo podía estar vivo? ¡Ellos mismos lo habían visto ser sepultado! Tomás, en particular, no lo creería si no veía sus manos y pies y metía sus dedos en su herida. En medio de esta confusión, el Señor apareció en el cuarto donde estaban reunidos. La puerta estaba cerrada, pero se manifestó entre ellos y, ante la mirada atónita de todos, le dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (Juan 20: 27). Tomás, humillado, exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (vers. 28).
En la actualidad no son pocos los hombres así llamados eruditos que niegan la resurrección de Cristo. Más aún, hay hombres y mujeres que niegan a reconocer a Jesús como Dios. Son cuentos, inventos que hace la religión para controlar a las masas, vividores que se han levantado por aquí y por allá para engañar a la gente. Jesús conocía estos peligros y por eso, con mucha anticipación, antes de que la teología entrara en el supuesto mitológico, dijo sin titubear: «Bienaventurados los que no vieron, y creyeron» (vers. 29).
El Señor hizo un acto poco esperado al preguntarles a sus discípulos si tenían algo de comer. Ellos le dieron un pedazo de pescado y el Señor empezó comer delante de ellos diciéndoles: «Porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (vers. 39). Jesús no tenía hambre, pero quería dejar bien claro que había resucitado de los muertos con el cuerpo que había sido sepultado. El santo Hijo de Dios no tenía pecado, su cuerpo era incorruptible y estaba vestido con la naturaleza de la raza humana y daba evidencia de la victoria sobre el pecado.
Ahora el testimonio de los discípulos es tuyo. ¿Creerás en él? ¿Lo aceptarás como Dios? ¿Reconocerás que vive y viene por ti? Bienaventurados aquellos que no vieron y creyeron, porque todo es por su gracia.