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Las plagas que Dios enviará a la tierra bajo la sexta trompeta como castigo previo antes de la segunda venida serán devastadora. Simbólicamente, las Escrituras dicen que morirá la tercera parte de los hombres, pero que no se arrepentirá de sus maldades. El pasaje registra que los pecados que cometen son la adoración a ídolos de oro, plata, bronce, piedra y madera, además de homicidios, hechicerías, fornicación y hurtos.
Cuando el ser humano se ha alejado voluntariamente de la influencia del Espíritu Santo, su conciencia poco a poco se va cauterizando al punto de que ya no escucha sus llamados. Hacer lo malo le parece lo más natural y mentir es parte de su cultura diaria al encontrarse lejos del único que puede cambiarlo. Satanás se va apoderando de esa persona hasta que se convierte en un animal sin razonamiento para lo bueno. Dios no puede actuar en una persona cuyo corazón ha cerrado.
Cuando los castigos de Dios caigan sobre las personas no convertidas, lejos de clamar a Dios, se enojarán, maldiciendo y buscando culpables. Jamás mirarán su propia condición y seguirán cometiendo toda clase de maldades al mismo tiempo que pensarán que lo que pasa es por culpa de otros y no por ellos. Pero Dios tiene todo bajo control. En medio de este caos, Dios cuidará a sus hijos y, aunque alguno de ellos muera, sabrá que su galardón es seguro porque, pase lo que pase, estará seguro en las manos de Dios.
El tiempo de acercarse a Dios es ahora mientras su gracia dura. No tengas oídos sordos a la voz de su santo Espíritu. Seguramente has escuchado su voz una y otra vez, así que no endurezcas tu corazón ni permitas que tu conciencia se vaya cauterizando. No te permitas ser uno de esos que no quiere arrepentirse a pesar de los castigos divinos. Ven a Jesús hoy antes de que sea demasiado tarde para ti, porque todo es por su gracia.