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La gran controversia entre el bien y el mal tiene su origen en el egoísmo de un ser creado que pretendió ser igual a su Creador. Este reclamó para sí la misma adoración e hizo destallar una batalla cósmica en el cielo que terminó por perder. Ahora, este ser llamado Satanás lucha por seguir engañando a cuantos pueda para traerlos a su ruina y a su muerte eterna.
Dios tiene un pueblo sobre esta tierra, un pueblo que lo acepta, que reconoce su gobierno y que vive de acuerdo con sus leyes. Este pueblo está siendo atacado continuamente por las fuerzas del mal que buscan destruirlo; sin embargo, Dios siempre ha protegido a su pueblo, reclamándolo como suyo delante de todo el universo.
Las Escrituras dicen que ha puesto su sello sobre su pueblo. El sello, que es el símbolo de su creación y pacto con el ser humano, es la observancia del sábado como día de reposo y adoración a él. Asimismo, dicen que Dios ha puesto su nombre en sus frentes como un símbolo de pertenencia ante el universo. Este nombre denota el carácter de los hijos de Dios en las horas más difíciles de la historia de este planeta.
Llevar su nombre es reflejar su imagen y estar apartado de toda iniquidad, desechando toda fábula humana y exaltando las grandes verdades y principios de la Palabra. Cuando todos acepten las teorías humanas en lugar de la Palabra de Dios, sus fieles hijos se mantendrán leales y puros, reflejando su imagen en sus frentes (transliterado del Comentario bíblico adventista, pág. 989).
Mi querido amigo, prepararse para el fin del tiempo es ahora, aceptando al Señor Jesús como tu salvador personal, dejando que su santo Espíritu haga la transformación de tu carácter a su voluntad e imagen. ¿Quieres aceptar a Jesús como tu Dios? Aceptarlo como tu rey y Dios es el principio de la vida eterna, porque todo es por su gracia.