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Haz que ruede tu carga

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Encomienda al Señor tu camino; confía en él y él actuará (Salmos 37:5).

Este versículo contiene dos invitaciones: encomendar al Señor y confiar. Y, además, presenta una promesa: Él actuará. En este versículo, el verbo "encomienda" dice más literalmente "haz rodar". Quizá, se le haya ocurrido este término al salmista al ver a los camellos agachándose para que los mercaderes rodaran sus cargas sobre ellos. Solo así podían realizar los largos viajes por el desierto con las pesadas mercaderías. La metáfora nos enseña a entregar nuestro difícil camino a Dios.

Cuando rodamos nuestro camino al Señor, nos ponemos livianos, porque la carga no es más nuestra. Si aún sentimos el peso, es porque no lo rodamos sobre él.

En el Nuevo Testamento, la confianza caracteriza la fe, la creencia. En el Antiguo Testamento, es refugiarse, depender, permanecer. El que confía no va más allá de lo que Dios planifica.

Confiar en Dios es correr el riesgo de no realizar nuestros sueños, para descubrir que Dios tiene mejores sueños para nosotros. Confiar en Dios, muchas veces, significa no tener más alternativa humana, pero tener la certeza de que Dios está preparando algo que él sabe que es bueno para nosotros. Y su promesa es que él actuará.

Algunas personas se equivocan al interpretarla. ¿Es suficiente mentalizarme de que quiero un auto, confiar en Dios y recibirlo? En verdad, Dios actuará, haciendo todo lo necesario para que nuestra vida sea un camino hacia a él. Ese es su accionar.

El todo de Dios es su voluntad. Muchas veces, no incluye comodidades o bienes materiales, sino crecimiento, dolor para curar, paz, alivio, serenidad, sensatez, sabiduría y humildad. Y él siempre nos sorprende con bendiciones, aunque a veces nos diga "no". Recién percibiremos las negativas de Dios como bendiciones después de que rodemos nuestro camino sobre él.

Muchas veces queremos que el Señor realice nuestros deseos egoístas, basadas en nuestra perspectiva limitada. Y si Dios no responde, nos decepcionamos, pensando que no le importa. ¿Dios no se preocupa, o nos falta reconocer que él ve el todo mientras nosotras vemos tan solo una pequeña parte?

¿Qué parte del camino te falta rodar al Señor? ¿El noviazgo? ¿La frustración con tu marido? ¿El resentimiento hacia tu papá, tu mamá o alguien de la familia? ¿El trabajo? ¿El malentendido con una hermana de la iglesia? ¿Los estudios? ¿La educación de tus hijos? ¿El genio difícil? ¿El apetito? Rueda tu camino al Señor, depende de él y permanece en él, y él realizará su buena, justa y perfecta voluntad en tu vida.

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