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En 2004, buscaba una historia acerca del entusiasmo para un libro que estaba escribiendo. Entonces, fui con mi esposo a hacer una visita. Al llegar a la casa de la persona, fuimos guiados a la cocina. Una señora menuda y ágil sacaba al bebé del cochecito. Se levantó rápidamente y nos saludó con una amplia sonrisa. Había elegancia en la ropa que vestía, en su cabello acomodado y en sus modales.
-Esta es la tía Cándida. Tiene 97 años -explicó la sobrina.
-¿Cómo estás? --Le pregunté.
-¡Estoy muy bien! -respondió sonriendo.
Elogié el jardín, del cual la tía Cándida había cuidado hasta hacía poco tiempo. En seguida iniciamos una entusiasta conversación. Con una lucidez impresionante, nos contó de sus pérdidas y de sus proyectos sociales. Ella confeccionaba ropas de invierno para hogares de ancianos y orfanatos. Su entusiasmo era contagioso.
Entonces nos invitó a conocer la casa. Los muebles exhibían bellas porcelanas pintadas a mano y las paredes tenían innumerables pinturas suyas.
¡Cuánta disposición física y mental, a los 97 años, en medio de tantos problemas! ¿De dónde provenía eso? Fue entonces cuando vi, sobre la mesa, una Biblia abierta y la Lección de Escuela Sabática respondida.
-Ella estudia la Biblia diariamente, Mirian, sin anteojos -Me dijo la sobrina.
Ese era el secreto de su entusiasmo. Recordé que "entusiasmo" proviene del griego enteos y significa "Dios adentro". ¡Ella era una mujer llena de Dios! Hay investigaciones que demuestran que los entusiastas, además de tener una menor probabilidad de mostrar señales de debilidad que los pesimistas, son más exitosos.
Al despedirnos le revelé a la tía Cándida cuánto me había contagiado de entusiasmo al conocerla.
-¿Cómo no estar bien si, a pesar de los problemas, puedo encontrar otros motivos para estar bien? -confesó ella.
La llamé algunas veces y siempre escuchaba: "¡Estoy muy bien!".Estuve presente en su cumpleaños número 99 cuando salí de Curitiba. Algunos años más tarde, encontré a sus nietos y supe que tenía 108 años. ¡Qué lección inolvidable! Por medio del contacto con la Palabra de Dios, podemos vaciarnos de pensamientos, acciones y sentimientos sombríos, y estar llenos de Dios, contagiando con nuestro entusiasmo a los que nos rodean.