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EL SÁBADO ES UN DÍA FELIZ

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Observen mis sábados como días consagrados a mí, como señal entre ustedes y yo (Ezequiel 20:20).

Ni bien se puso el sol en el sexto día de la creación, todo quedó en un tranquilo silencio. Las aves y los animales se fueron aquietando, mientras en el cielo brillantes estrellas comenzaban a titilar, reflejando la luz plateada que la luna recibiera prestada del sol.

Adán y Eva sentados en el suave y verde pasto, bajo una pérgola de flores multicolor, respiraban el aire fresco y se deslumbraban con la belleza de ese primer atardecer.

¡El viernes había sido intenso! Adán había sido creado y, al despertar, todo a su alrededor lo había sorprendido: los variados tonos y colores de la naturaleza; las aves y los animales que, curiosos, se acercaban a él para lamer su mano, olerlo y anidar a sus pies. Después había recibido la responsabilidad de administrar la tierra recién creada... Pero he aquí que Dios lo puso a dormir y, al despertarlo, le regaló una sonrisa inolvidable: Eva estaba allí...

Eva casi no podía hablar. ¡En pocas horas de vida, cuántas cosas para absorber al mismo tiempo! A su lado, un hombre hermoso. Quizá, tocó su hombro, y él acarició sus cabellos, contemplándola con profundo interés y amor. La pareja tendría una eternidad para conocer cada cosa del mundo que los rodeaba, y conocerse mejor el uno al otro y a aquel que los había creado.

Incluso antes de que experimentaran los cuidados de una semana entera, Adán y Eva recibieron de Dios las veinticuatro horas del séptimo día, las cuales el Señor santificó y bendijo, como un marco eterno entre él y su creación.

Entonces, vino el pecado... Pero el sábado sigue siendo santo. Aún es un monumento eterno para profundizar el conocimiento acerca de Dios y de su santidad, un memorial de la creación. Es un día para recordar no solo el Edén perdido, sino para fortalecer la esperanza de que un día lo volveremos a ver.

"¡El sábado es un día feliz! ¡Amo cada sábado!" ¿Cuántas veces cantaste esa canción cuando eras niña o con tus hijitos? ¡Habla de un día de felicidad y amor! Sin embargo, ¿es eso una verdad, cada semana, en tu dinámica familiar?

Si el sábado es un día feliz para ti y tu familia, ¡que Dios sea alabado! Si es un día triste y sin vida, ¿qué está faltando? Ora a Dios y pídele sabiduría para hacer los cambios necesarios en tu rutina, a fin de disfrutar las veinticuatro horas del día más feliz de la semana.

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