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Ella fue cantora, compositora, actriz, productora cinematográfica, empresaria y modelo norteamericana. Es considerada una de las artistas femeninas más exitosas del mundo de la música, con más de doscientos millones de copias vendidas en el mundo y la más premiada de todos los tiempos. Whitney Houston, según el Guinness World Records, recibió 425 premios, incluidos dos Emmy Awards, siete Grammy Awards, 31 Billboard Music Awards y 22 American Music Awards.
A pesar de haber alcanzado tanto éxito, esa voz talentosa se calló. A los 48 años, fue encontrada ahogada en una bañera, en la habitación del hotel, en la víspera de los Grammy. Según los peritos, una inflamación en las arterias del corazón y restos de cocaína en el torrente sanguíneo comprobaron el ahogamiento por sobredosis.
Constantemente se nos inculca la creencia de que el éxito material trae felicidad. Aparentemente, Whitney tenía todo para ser feliz: dinero, fama y belleza; pero era infeliz. Hay muchas personas materialmente exitosas contemplando el dolor en una rica bañera de hidromasaje. La infelicidad también mora en las grandes mansiones de Hollywood.
La Biblia cuenta la historia de una mujer bella y rica llamada Lidia. Era vendedora de pinturas y mercaderías teñidas en Tiatira. Aun siendo exitosa en los negocios, se sentía infeliz. Un día, tras escuchar la predicación de Pablo, fue tocada por el mensaje. Después de su conversión, se sintió completa, y puso su vida y sus recursos a disposición del servicio a Dios y al semejante.
Hay miles de Whitneys y Lidias recorriendo el camino del éxito y terminando en la infelicidad. Necesitan conocer a Jesús y su amor. Solo así descubrirían que la verdadera felicidad consiste en invertir su vida y sus adquisiciones en algo mayor que ellas mismas.
Hay tipos de infelicidad que no se limitan a la falta de recursos. Creyendo que ser exitosa financieramente es ser feliz, muchas ignoran la infelicidad de las Whitneys y Lidias que cruzan su camino. La transformación de Lidia muestra el interés de Dios también por la felicidad de las personas adineradas, trayendo cura y realización personal.
¡Acepta la paz y la cura que Dios ofrece! Comparte esas dádivas con aquellas personas cuyos bienes materiales se multiplican con la misma intensidad de la infelicidad que viven.