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Casi diariamente vemos por las noticias los perjuicios del falso testimonio. El juez William Douglas comenta cómo los jueces están siempre enfrentando esa situación en los tribunales: "En nombre de la amistad o de compensaciones (financieras o no), muchos testigos mienten descaradamente. Eso dificulta la acción del juez, porque la falta con la verdad puede conducir a un error judiciario. Muchas veces, el testigo puede incluso no mentir, pero omitir la verdad. El peso y las consecuencias son los mismos".
Día a día somos desafiadas por el noveno mandamiento, al elegir hablar bien o mal de alguien, aclarar un hecho o interpretarlo mal, exaltar la virtud de alguien o exponer sus defectos, decir la verdad o mentir. Callar ante alguien injustamente acusado; decir la verdad fuera de tiempo, con intenciones distorsionadas; prestar oídos a chismes y repetirlos a otros; todas estas también son formas veladas de desobedecer el noveno mandamiento.
¿No parece contradictorio ser auténticas y no decir cosas negativas del prójimo? En ese caso, si no deseamos alimentar el hábito de maldecir a alguien, podemos negarnos a eso. Sin embargo, hay situaciones en las que las fechorías necesitan ser resueltas y habladas para que no se repitan. 252 En cualquier ambiente, el chisme es una costumbre perniciosa, contra el cual el noveno mandamiento también advierte. ¡Cuántas divisiones y rupturas de buenas relaciones ya causó!
Por otro lado, las personas elogian poco. ¿No deberíamos controlarnos más al hablar cosas negativas del prójimo y no ahorrar elogios, cuando sea oportuno?
Mira a tu alrededor. Hay más personas que necesitan aliento de lo que te imaginas. Debemos aceptar a las personas por lo que son -seres humanos comprados con la sangre de Cristo- y no por estar a la altura de nuestras ideas, las cuales muchas veces ni siquiera alcanzamos.
El noveno mandamiento nos invita a reflexionar: si nos miráramos a nosotras mismas antes de maldecir al prójimo, seguramente nos callaríamos. Finalmente, ¿quién de nosotras es mejor que el otro? Podemos equivocarnos más o menos que el otro, pero el corazón de cada uno de nosotros es pecaminoso.
¡Que Dios te capacite para honrar ese mandamiento, elevando a las personas a tu alrededor, promoviendo así el reino de Dios en los ambientes donde estés!