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La primacía DE LOS EXCLUIDOS

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Los recaudadores de impuestos y las prostitutas van delante de ustedes en el reino de Dios (Mateo 21:31).

Andressa quería fama y dinero. Hija de una madre adolescente y de una familia deshecha, se casó a los quince años y fue madre a los diecisiete. Con poco más de veinte años, sin dinero, vio en la popularidad la solución para sus carencias. Y, en un burdel, inició la vida que la llevaría al submundo de la prostitución de lujo, de las drogas, sobredosis, bebidas, cirugías plásticas, de los pensamientos suicidas y, casi, de la muerte.

Andressa Urach se transformó en un personaje polémico en los medios de comunicación brasileños y fue protagonista de reportajes en los principales medios de comunicación del mundo a fines del 2014. En su libro Morí para vivir, cuenta cómo alcanzó los extremos de la obsesión por los valores más baladíes de la vida, transformando el cuerpo en un objeto barato, abriendo su intimidad a cientos de hombres, desechando su honra como si fuera basura. El exceso de anabolizantes y el hidrogel casi le costaron la vida. En el hospital, confrontando su pasado vergonzoso, creyó que, si Dios existía, nunca la perdonaría.

Sin embargo, en el fondo de su pozo, Dios la buscó, y ella lo reconoció, entendiendo que los nacidos de Dios no son santos que nunca pecaron, sino pecadores que por la compasión divina vencieron sus pecados. "¿Quién no tiene derecho a comenzar de nuevo?", dice ella. "¿De tratar de ser una mejor persona? Yo elegí recomenzar". Andressa testificó en los medios de comunicación y en las cárceles, llevando esperanza a los perdidos.

En el tiempo de Jesús, los fariseos no creían que los publicanos y las prostitutas se arrepintieran. Así que imaginate el susto que se llevaron cuando escucharon de Cristo que esas personas los precederían en el reino celestial.

En esa afirmación, Jesús priorizó a los excluidos: personas que no se sentirían bien en la iglesia por causa del preconcepto, los rechazados por no seguir las normas del buen comportamiento y las personas que muchas veces miramos con desdén.

¿Por qué esos excluidos precederían a los demás? Porque admiten su necesidad espiritual, están abiertos a la invitación de Jesús y creen en él. ¿Y hoy? ¿Será que nos consideramos tan buenas que no sentimos la necesidad de una relación personal con Dios?oin o

Que podamos ir a la cruz cada día, confrontar nuestra pequeñez con su grandeza y recibir su perdón diario.

Acepta a aquellos que yerran y necesitan de Cristo y de ti.

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