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Se cuenta que todos los días un sabio se sentaba cerca de una estación de servicio, desde donde observaba el movimiento de la ciudad. En cierta oportunidad, su nieta vino a hacerle compañía. Mientras observaban a las personas llegando y partiendo, un desconocido preguntó: -¿Cómo es esta ciudad?
El anciano se giró lentamente y dijo:
-¿Cómo es la ciudad de donde usted viene?
-¡Ah! Todos son críticos y chismosos. Estoy feliz de haber salido de allá -respondió el turista.
El sabio lo miró y le dijo:
-Esta ciudad es exactamente así.
Una hora más tarde, una familia entró en la estación de servicio para cargar combustible, deteniéndose frente al sabio y su nieta. Mientras la madre y los hijos iban al baño, el padre le preguntó al sabio:
-¿Es buena para vivir esta ciudad?
El sabio respondió preguntando:
-¿Cómo es la ciudad de donde usted viene?
-Allá todos se ayudan -respondió el hombre y siempre se escuchan palabras de agradecimiento. Estoy saliendo de allá, pero parece que estoy dejando atrás una familia.
El sabio se giró hacia el hombre y sonrió diciendo:
-Esta ciudad es muy parecida a la suya.
La familia agradeció, entró en el auto y partió.
La nieta miró al abuelo sabio y le preguntó:
-Abuelo, ¿por qué usted le dijo a uno que la ciudad era un lugar horrible y al otro que era un lugar maravilloso?
El sabio miró cariñosamente a su nieta.
-Sea cual fuere nuestra ciudad, mi pequeña, reflejamos en ella quienes somos.
Eso ratifica la afirmación de Jesús acerca de los ciudadanos de su reino: "Ustedes son la sal de la tierra". Como sal, tenemos que darle sabor al ambiente, ejerciendo en él una influencia transformadora, o seremos como la sal sin utilidad.
Elena de White dice: "La influencia de los pensamientos y actos de todo hombre es algo así como una atmósfera invisible, que aspiran sin darse cuenta quienes se ponen en contacto con él" (Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 737). ¿Cómo es tu ciudad? Procura ser sal, condimentando la convivencia con los demás con amabilidad, tolerancia, comprensión, altruismo, perdón, paciencia y amor, haciéndola un lugar agradable y cumpliendo la misión dejada por el Maestro.