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La capacidad para elegir, el albedrío, es lo más hermoso de todas las cosas con las que fuimos dotadas en la creación, porque nos transforma en seres libres, quienes determinan su propio destino.
Dios no nos hizo robots. Nos dio una mente jerárquicamente organizada de manera que la razón y la conciencia controlaran nuestros actos, emociones y relaciones y nos dieran el discernimiento para elegir. El pecado distorsionó ese orden, y el discernimiento humano fue comprometido. A veces tan solo la fría razón dirige las elecciones; otras, una conciencia enfermiza; a veces, las emociones.
Hay elecciones fáciles de hacer; otras trastocan nuestra zona de confort, ocasionando miedo e inseguridad. Es por miedo a asumir responsabilidades, riesgos y consecuencias que muchos dejan que otros elijan por ellos. Sin embargo, somos seres maduros e independientes en la medida en que elegimos, responsabilizándonos por los riesgos y consecuencias que aparezcan por nuestras decisiones.
Nuestro cerebro realiza diversos procesos mentales, como percepción, aprendizaje, pensamiento, atención, memoria y otros. Por lo tanto, los modelos que tuvimos, nuestras creencias y convicciones, y nuestros constantes aprendizajes son relevantes al elegir.
Sería fácil si programáramos el cerebro para elegir siempre lo que es mejor ¿verdad? Sin embargo, nuestro guía interno de lo "correcto" o lo "incorrecto" es muy dudoso, por causa del pecado.ng babeigsinst
Por eso, necesitamos sabiduría divina para cada elección que tengamos que hacer. Durante algunas elecciones, enfrentamos angustiantes encrucijadas porque nuestra razón puede indicarnos un camino, y Dios, otro. Por eso tendremos que hacer morir nuestros deseos acariciados, si queremos elegir lo mejor. Sin embargo, terminaremos en el camino de la vida, si aceptamos siempre la dirección divina.
"Dios nos ha dado el poder de elegir; a nosotros nos toca ejercitarlo. No podemos cambiar nuestros corazones, no podemos controlar nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, apropiados para el servicio de Dios. Pero sí podemos elegir servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad; entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad." (Elena de White, El ministerio de curación, p. 131).M
¿Deseas ejercitar bien tu capacidad de elección? Somete tu voluntad al Señor y ten la certeza de que cosecharás buenos frutos y no terminarás en amargo arrepentimiento.