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Mayor que la crítica

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Manteniendo la conciencia limpia, para que los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo se avergüencen de sus calumnias (1 Pedro 3:16).

Anna Roosevelt fue una de las mujeres más influyentes y amadas del siglo XX. Prima y esposa del expresidente Franklin Roosevelt, con quien se casó a los diecinueve años, fue una gran compañera, y lo ayudó cuando sufrió las secuelas de la parálisis infantil.

Después de la muerte de su marido, Anna luchó por la armonía y mejoría social. Bajo el título de Hermana del mundo, fue admirada como estadista y presidente de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos, en las Naciones Unidas.

Anna Roosevelt fue víctima de ataques e irreverencias. Cuando Dale Carnegie le preguntó cómo administraba las críticas injustas, ella contó que, cuando era joven, era muy tímida. Un día le pidió un consejo a una tía, quien le dijo: "Nunca te sientas molesta con lo que los otros digan, si tienes la certeza de que estás actuando correctamente. De cualquier manera, serás criticada. La única manera de evitar una crítica es permanecer en un estante como una muñeca de porcelana". ¡Cuán útil fue ese consejo!

Generalmente las críticas amenazan nuestras creencias sutiles y distorsionadas de que somos "tan buenas" o mejores que los demás, o nos recuerdan otras creencias igualmente distorsionadas de que no tenemos valor.

Y en los extremos, reaccionamos defendiéndonos o cerrándonos en el caparazón del "cuán inservible, incompetente e insignificante soy". ¿Será que de hecho somos tan buenas o tan incompetentes que no resta nada de crédito en nosotras?

Cuando nos ofendemos con una crítica, raramente el problema está en la propia crítica, sino en el tamaño de las convicciones que tenemos acerca de nosotras mismas. Si son exageradas, dejaremos de ver detalles a mejorar. Si son débiles e indefinidas, tampoco tendremos fuerzas para actuar con proactividad.

Procura ser sensata y no poseedora de todas las verdades, ni te mires como incapaz de realizar cosas grandes. Sé humilde, lista para reconocer que siempre habrá algo por mejorar. Sé flexible, lista para reflexionar acerca de nuevas posibilidades. Y, si de hecho la crítica que recibas no tiene el mínimo potencial de hacerte reflexionar y crecer, ten la serenidad de ignorarla. Y vive en paz.

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