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LECCIONES DE LAS ARAUCARIAS

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En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22, 23).

La araucaria es un árbol imponente que interactúa intensamente con la fauna. Ardillas, agutíes, pacas, papagayos, tucanes y otros animales se abrigan bajo su sombra, se alimentan de sus frutos y ayudan en la dispersión de sus semillas. La urraca azul, por ejemplo, esconde los piñones para comerlos más tarde, y estos germinan.

Su madera blanca es de la mejor calidad y fácil de trabajar. El piñón, asado o hervido, es sabroso y combate la acidez; y sus hojas hervidas, la anemia. El nudo del pino, con alto poder calorífico, ya fue un excelente combustible para calderas, locomotoras y embarcaciones. Y la corteza del árbol es útil en hornos domésticos.

Las semillas tardan en germinar entre veinte a ciento diez días y la raíz alcanza de dos a cuatro metros de profundidad. En promedio, cada araucaria produce cuarenta pinos al año.

Tarda quince años en producir piñones. Y, en cincuenta años, llega a los cincuenta metros. Aunque es resistente, la araucaria puede ser atacada por hongos e insectos que agreden a las semillas, a las hojas y al tronco, causando amarillamiento, que se seque y se pudra, lo que la pone en la lista oficial de especies amenazadas.

Hay semejanzas entre la araucaria y las grandes mujeres. Con características y belleza propias, ellas coronaron la creación. Fueron dotadas de cualidades para interactuar con otros. Niñas, adolescentes, jóvenes, madres, casadas, solteras, separadas, viudas, amas de casa, profesionales: producen con excelencia, tienen poder de superación, dan un regazo, amor y tranquilidad en la tormenta. ¡Con su alto poder calorífico, hacen que la vida se mantenga por más tiempo!

Aunque también sean resistentes al dolor, hay plagas que atacan el potencial de las grandes mujeres: impureza, ira, discordia, egoísmo, baja autoestima, culpa ilegítima, rabia, falta de perdón, descuido de la salud, arrogancia, independencia de Dios. Por eso, las grandes mujeres están en extinción.

El secreto de las grandes mujeres está en profundizar cada vez más su raíz en la fuente del poder: Jesús. De esa manera, no producirán tan solo cuarenta pinos por año, sino el fruto del Espíritu: el amor; y los demás que de él provienen.

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