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Al crearnos, Dios incluyó en nuestras facultades mentales el siguiente ítem: decir "sí" y "no" en el momento indicado.
¿Ya sentiste tensión al tener que optar entre tu convicción y la de alguien que te pedía algo? Muchas personas evitan decir "no" por miedo a perder oportunidades, a complicar una situación, a deshacer lazos, o por comodidad o culpa.
Decir "no" es necesario para la salud emocional. Huir del "no" compromete nuestra autonomía y nos pone bajo el control ajeno, contrariando el propósito divino.
Para usar el "no", Greg McKeown da algunas orientaciones en su libro superventas, Esencialismo:
1. Ten en claro qué es esencial. ¿Deseas ser fiel a la razón y a la conciencia o agradar a los demás? ¿Deseas ser honesta o mantener las apariencias? La claridad nos ahorra de las constantes concesiones contra la voluntad. 2. Vence el miedo simple e innato del malestar social. La necesidad de estar bien con los demás genera la incomodidad de decir "no" a la invitación de la amiga a cenar, o a otro proyecto del jefe. El miedo obstaculiza el discernimiento: decir "no" genera incomodidad temporaria; decir "sí" por presión causa un mal mayor.
3. Excluye el "sí" como respuesta automática, sin pensar, por presión o para agradar a alguien. Así, no sacrificarás la razón y la conciencia.obod
4. Separa la decisión de la relación. No confundas decir "no" con rechazo del otro.
5. Concéntrate en lo que tendrás que perder o abrir mano al decir "sí". ¿Diciendo "sí", aprovecharé o desperdiciaré tiempo, paz, respeto propio ony popularidad? ¿Qué importa más?
Decir "no" puede ser más amable que un "sí" vago y sin compromiso. Puede generar un impacto inmediato en la relación: chasco, irritación o rabia. Sin embargo, pasada la rápida incomodidad, surge el respeto. Expresar la negación con eficacia, le muestra al otro que tenemos prioridades, personalidad, postura y que no somos el juguete de nadie.
El verdadero cristianismo implica honestidad, incluso en relación con aquello que la razón y la conciencia dicen. No es una virtud que seamos conocidas como buenitas, que hacen todo lo que los otros piden, que no saben decir "no" a nadie. Seamos cristianas, cuyo "sí" y cuyo "no" tienen tanto peso y confiabilidad como una declaración más elaborada.