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Dios cuidará de ti

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¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre. [...] Así que no tengan miedo, ustedes valen más que muchos gorriones (Mateo 10:29, 31).

Un sábado por la mañana, mientras estacionaba el auto cerca de la iglesia, me detuve junto a una bicicleta que estaba atada a un carrito, y vi a un recolector de basura. Me quedé observando a ese señor. Concentrado, amontonaba latitas en la bolsa plástica. Sobre la bicicleta vieja, había una lona de polietileno azul bien doblada, un bolso, el carrito, sus pertenencias, los reciclables recogidos: todo estaba bien acomodado.

No suelo llevar dinero en mi billetera, pero, por casualidad, tenía un billete de cincuenta reales. Bajé del auto, saludé al señor y le ofrecí el dinero. Sorprendido, tomó el billete, agradeció y dijo: "¡Usted me bendijo hoy! Justo estaba pensando en cómo seguiría con esta bicicleta. Venga aquí para ver". Uno de los caños de la bicicleta se había soltado. El dinero sería para el arreglo.

Él me explicó: "Mis cosas están ahí. Tengo hermanos que viven por aquí, pero vivo solito. Ya estuve internado en el hospital. A veces, tengo qué comer; a veces, no. Estoy en situación de calle. A la noche, encuentro un rincón, extiendo mi carpa y duermo allí".

Le ofrecí un colchón, y él dijo que estaba acostumbrado a dormir en el suelo duro y un colchón dificultaría su traslado. Y me sorprendió: "Mi vida es así. Pero si usted me pregunta si soy feliz, lo soy. Tengo una Biblia allí adentro", y señaló a sus cosas. Yo sostenía mi Biblia en la mano, y él preguntó: "Eso que usted tiene ahí es una Biblia, ¿verdad?". Respondí que sí. "Yo leo la Biblia todos los días. ¿Usted ya leyó Mateo 10:29 al 31?". Y, después de recitar el versículo de esta meditación, dijo: "Dios cuida de mí. Aunque sufra y viva así, estoy seguro de que le importo y tiene algún plan para mí".

Lo invité a entrar, pero tenía trabajo que cumplir esa mañana, y otro día regresaría. No lo vi más, pero guardé para siempre su sermón. Aunque revisaba tachos de basura, pasaba hambre, vivía sin techo y afecto humano, tenía la certeza de la presencia y del cuidado de Dios.

¿Estás pasando por alguna situación difícil? Recuerda el sermón bíblico repetido por ese sabio recolector de basura: tú vales más que los gorriones y eres el mayor blanco del cuidado divino.

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