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Susan Spencer-Wendel fue una periodista premiada del Palm Beach Post durante casi veinte años. En junio del 2011, recibió el diagnóstico de ELA. Susan tenía 43 años, un casamiento estable y tres hijos. Imagínate cuán devastador habrá sido descubrir una enfermedad degenerativa y progresiva y que solo le permitiría vivir un año más de vida sana.
"Cuando se está ante la muerte", dijo ella, "quieres dejar alguna cosa, algo que permanezca. Yo quería sembrar memorias." Susan decidió vivir ese último año con alegría. Dejó su empleo para aprovechar el tiempo con su familia, construyó un espacio de convivencia para recibir a los amigos en el patio de su casa y organizó siete viajes con las personas más importantes de su vida.
Susan relató su experiencia en el libro Antes de decir adiós, publicado originalmente en 2013. Incapaz de caminar o levantar sus brazos, lo digitó letra por letra, en su iPhone con el pulgar de la mano derecha, que fue el último dedo en dejar de funcionar. Susan murió en 2014.
La determinación de Susan para vivir sus últimos momentos con alegría, sembrando memorias, es admirable.
En la Palabra de Dios, hay un gran motivo para enfrentar momentos como los de Susan con serenidad y alegría. La vida aquí en la tierra no es definitiva. Se nos ha hecho una promesa de un hogar eterno y, si morimos en Cristo, habrá resurrección.
En la tumba del evangelista Moody, en Inglaterra, hay un texto firmado por el profesor Jerónimo: "Yo pequé. Yo me arrepentí. Yo confié en Jesús, yo lo amé. Yo descanso. Yo me levantaré de aquí. Yo reinaré con él". La esperanza de la resurrección y de la vida eterna nos es asegurada por el Señor. En cumplimiento a todas las profecías, él vendrá otra vez y nos llevará con él, ya sea que estemos vivos o que hayamos pasado por la muerte.
Qué alegría saber que un día nos reencontraremos con nuestros amados, a quienes la muerte llevó y, si también morimos, ¡no será para siempre! Esa es la mayor diferencia entre la desesperación y la serenidad antes de decir adiós. ¿Guardas en tu corazón esa bendita esperanza?