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Un hábito es un conjunto de acciones, pensamientos o sentimientos que repetimos en la infancia, en la adolescencia, en la juventud o en la vida adulta. Las rutinas de hoy fueron simples acciones, sentimientos o pensamientos aislados. No nacimos sabiendo cepillarnos los dientes, así como no nacimos virtuosas, auto disciplinadas, perseverantes y obedientes.
Un hábito se hace más relevante cuando pensamos que compondrá la única cosa que llevaremos al cielo: el carácter. "Cada joven determina la historia de su vida por los pensamientos y sentimientos acariciados en sus primeros años. Los hábitos correctos, virtuosos y viriles, formados en la juventud, se convertirán en parte del carácter y, por regla general, señalarán el curso del individuo por toda la vida. Los jóvenes pueden convertirse en depravados o virtuosos por elección propia" (Elena de White, Conducción del niño, pág. 183).
La misma autora también escribió: "Las facultades mentales y morales que Dios nos ha dado no constituyen el carácter. Son talentos que debemos aprovechar y, si lo hacemos adecuadamente, formarán un carácter correcto. [...] Dios nos ha dado facultades para que las cultivemos y las desarrollemos. [...] Educar esas facultades de modo armónico para que formen un carácter valioso es tarea que nadie puede hacer por nosotros" (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, pág. 599).
Por más insignificante que parezca un acto, un pensamiento o un sentimiento, este influirá en el carácter. Formar un carácter semejante al de Cristo -por medio del empeño en desarrollar hábitos correctos- es la más noble tarea en la cual podamos trabajar.
Por casualidad, ¿te molesta algún hábito, aunque parezca pequeño? ¿Eres consciente de que puede comprometer tu carácter? Ya sean las malas tendencias heredadas, ya sea las adquiridas, el Espíritu puede estar impresionándote a entregarle cualquier hábito nocivo para que sea transformado.
Respóndele ahora y toma posesión de la capacitación y de los méritos divinos para vencer cada debilidad. ¡No te pierdas el cielo por la negligencia para con las pequeñas repeticiones del día a día, olvidando la gran oferta de poder que el misericordioso Dios ofrece!