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Una dimensión superior

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En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de dónde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo (Filipenses 3:20).

Solemos enorgullecernos de nuestras realizaciones en la dimensión terrenal -empleo, dinero, bienes, familia, amigos, viajes-. No hay nada de malo en eso, excepto el hecho de que esa dimensión debería ocupar menos espacio en nuestra vida para darle más espacio a la dimensión espiritual.

Deberíamos vivir más por ella, soñar más con ella, hablar más de ella, aspirar más a ella, llorar más por ella, insistir más en su conocimiento, estar más preparados para la concreción de ella, ser mejores gracias a ella. ob

Mientras nuestro anhelo por ella es aún insignificante, el generoso Padre a veces no nos impide pasar por crisis: una enfermedad devastadora, unal separación avasalladora, pérdidas, pérdidas y más pérdidas... El Padre no lo impide porque quiera lastimarnos o porque quiera vernos desesperados de dolor ante la inminencia de la pérdida. ¡No! Desea que sintamos el dolor y la gravedad eterna de nuestras prioridades equivocadas, para que demos "media vuelta", volvamos y cambiemos esas prioridades, mientras aún hay tiempo. ingreso sono

La Biblia está llena de ejemplos de hijos de Dios que, en momentos de desesperación o incertidumbre, recibieron sabiduría, aliento y la reafirmación de promesas benditas, dirigiendo sus miradas a la dimensión celestial. Ana, cuando clamaba por un hijo; Jacob, mientras huía de su hermano Esaú; Job, ante las desgracias; y tantos otros.

Podemos mantener ante nosotros dos grandiosos motivos por los cuales tan solo podemos insistir en una actitud de gratitud a Dios: la esperanza de la resurrección, si perdemos a nuestros amados, y la certeza de que, por detrás de todo, hay un Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente, que se empeña en enseñarnos lo que realmente importa y que nos guiará a la victoria.

Estos motivos hacen un cambio sorprendente en nuestra rutina, no importa lo peor que nos pueda suceder. Hacer del cielo nuestra prioridad es lo mejor que podemos hacer, ¡no importa lo que tengamos que pasar para llegar allá! Esa es la dimensión que realmente importa.

Como escribió Elena de White: "Es bueno, hasta esencial, poseer cierto conocimiento del mundo en que vivimos; pero si no tenemos en cuenta la eternidad, experimentaremos un fracaso del cual jamás nos repondremos" (Elena de White, El ministerio de curación, pág. 356).

¡Mantén el foco en la dimensión celestial!

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