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¿Cuán madura soy?

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Como ciudad sin defensa y sin murallas es quién no sabe dominarse (Proverbios 25:28).

Las mujeres inteligentes, sin importar su edad, deberían hacerse constantemente esa pregunta incómoda.

Piaget, padre del constructivismo, dividió el desarrollo psicológico humano en tres etapas:

La anomia, que va más o menos desde el nacimiento hasta los dos años, es la etapa sin normas, reglas, principios y valores morales. Se caracteriza por el excesivo egocentrismo.

En la heteronomía, que va desde alrededor de los dos hasta los siete años, los padres son vistos como soberanos que gobiernan con conocimiento absoluto de las verdades incontestables. En esta etapa, la obediencia es ciega, porque resulta del miedo al castigo.

En la autonomía, o gobierno de sí mismo, las reglas, normas, principios y valores pasan por el tamiz personal. Seguirlos es una elección personal. Hay competencia para juzgar entre lo bueno o lo malo, verdadero o falso, correcto o incorrecto, independientemente de la opinión de los demás. Los padres siguen mereciendo respeto, pero no ya no son vistos como infalibles. El verdadero autónomo tiene autocontrol, compromiso y responsabilidad. Hace lo que es necesario, correcto y ético, independientemente del público o de las demandas. Cuanto mayor sea la autonomía, más libre será la persona.

Hay adultos que no salen de la anomia. El mundo gira alrededor de ellos; ignoran las reglas de conducta, las normas y sentimientos ajenos.

Los adultos heterónomos son rígidos en situaciones que piden flexibilidad, del tipo: "yo recibo órdenes", o son "buenitos que no dicen no". No piensan, son dependientes de otros para decidir, y, si algo sale mal, tienen a quien culpar. Tienen juicios precipitados de hechos, personas e intenciones y se esclavizan a opiniones ajenas, vicios y debilidades propias.

La Biblia enumera varios autónomos, los cuales Dios usó en el cumplimiento de su misión. Necesitamos ese tipo de personas: "La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; [...] hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos" (Elena de White, La educación, pág. 57).

¿Deseas esa madurez? Contempla a Cristo, el mayor ejemplo de autonomía que el mundo ya tuvo.

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