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Con reservas o sin reservas

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Judas se contaba entre los nuestros y participaba en este ministerio (Hechos 1:17).

¿Ya experimentaste las consecuencias y el dolor de una traición? En el versículo de hoy, el autor de Hechos recuerda una parte del discurso de Pedro, después de la crucifixión de Cristo. ¡Cuántos recuerdos deben haber venido a la mente del apóstol al mencionar esas palabras! Él se refería a Judas Iscariote, que ejercía una gran influencia sobre los demás. Judas, conviviendo con ellos, participando del ministerio y siendo la persona en quien todos confiaban, había sido puesto como tesorero del grupo.

En la última cena, cuando Jesús desenmascaró la identidad del traidor, fue un choque para los discípulos. Jamás habían sospechado algo tan infame con respecto a uno de sus compañeros. Judas, astuto en cuanto a la administración del dinero común a ellos, sustraía para sí parte de los ingresos del grupo, pero mantenía una apariencia impecable.

No hay registro en la Biblia de que Judas haya sido elegido por Jesús, como los demás. Sin embargo, independientemente de haberse ofrecido o haber sido elegido para el apostolado, fue aceptado por Jesús para estar en el grupo. Al participar del día a día de Jesús, como testigo de tantos milagros y enseñanzas, Judas recibió la oportunidad de que su carácter fuera transformado. Pero la historia terminó de manera trágica.

¿Cómo fue posible? La respuesta es que Judas mantenía reservas en su entrega a Cristo. Por afuera era uno; por adentro, otro. Por afuera era piadoso y pertenecía a Jesús, pero su corazón no le pertenecía íntegramente: acariciaba maldad y depravación. Judas eligió no entregarse enteramente. En el libro El Deseado de todas las gentes, Elena de White dice: "Resolvió no unirse tan íntimamente con Cristo que no pudiese apartarse" (pág. 666).

Judas nunca se identificó totalmente con Cristo o con sus discípulos. Siempre mantuvo reservas. Observaba las actitudes de Cristo y se molestaba cuando decía que su reino no era de este mundo. Sus reservas lo excluyeron del cielo.

Mantener reservas en relación con el Señor nos hace retroceder ante los riesgos, sacrificios y presiones. Pedro se había precipitado negando a Jesús, pero renunció a su debilidad para que no restara ninguna reserva más. A diferencia de Judas, se entregó completamente al Maestro y fue leal hasta el fin.

¿Con reservas o sin reservas? ¿Cómo está tu corazón en relación con Cristo?

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