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Comenzaban las vacaciones de verano cuando me caí de la moto. Sentí un dolor insoportable. Fui transportada por el vehículo de los bomberos y por el servicio de emergencia cerca de cien kilómetros hasta la ciudad más cercana. La radiografía mostró la escápula agrietada, y pasé las vacaciones con un brazo inmovilizado. Así como mi dolor físico indicó un hueso agrietado, ciertas reacciones nuestras a los eventos de la vida adulta pueden indicar lesiones emocionales traídas de la infancia. La doctora Lise Bourbeau enumera las cinco heridas emocionales que comprometen la vida adulta, así como las máscaras que cada uno puede generar: rechazo (escapismo), abandono (dependencia), humillación (búsqueda de dolor), traición (control) e injusticia (rigidez).
El rechazo del otro o de uno mismo -una herida profunda- genera incapacidad para amar a los demás. A los heridos por el rechazo les gustaría ser invisibles, huyen de los desafíos y generalmente son intelectuales e introspectivos. La herida del abandono genera personas necesitadas y solitarias.
Las víctimas de la humillación suelen dar todo de sí en lo que hacen. Al mismo tiempo, pueden ser perseguidas por la vergüenza y por la inferioridad. Son empáticas y sensibles.
La traición se relaciona con la confianza que en algún momento faltó: promesas no cumplidas o expectativas no alcanzadas. Sus víctimas exigen mucho de sí mismas y de los demás, son controladoras, esconden debilidades y esperan mucho del futuro, lo que les impide aprovechar el presente.
Las víctimas de la injusticia profunda se concentran en el deber y tienden a privarse de todo placer. Tienden a ser muy precisas y arregladas, ostentando una postura rígida, erecta y orgullosa.
Librarse de las lesiones emocionales involucra identificar las heridas y confrontarlas, si fuera necesario, con la ayuda de un profesional. Y las situaciones que antes generaban reacciones exacerbadas pasan a desencadenar respuestas constructivas. Además de las heridas emocionales, tenemos una herida mayor: el pecado. Su máscara específica es la autosuficiencia, que impide la cura.
La buena noticia es que nuestro sustituto ya hizo provisión para que seamos libertadas de la condenación y de la culpa de esa herida mortal. Y, cuando este planeta sea restaurado, estaremos completamente libres de su presencia para vivir la vida plena y eterna. ¿Aceptas esa cura?