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Sepulcros blanqueados

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¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de impurezas (Mateo 23:27).

Durante el ministerio de Jesús, los escribas y fariseos eran los poseedores del conocimiento de Dios. Los escribas eran maestros especialistas en el estudio y la explicación de la ley. Enseñaban adoración en las sinagogas y formaban discípulos.

Los fariseos eran un partido político y religioso del cual formaban parte los sacerdotes y levitas, los líderes de la nación judía. Destituidos del espíritu de amor, la base del reino de Dios, hicieron agregados a las leyes de Moisés, interpretándolas de acuerdo con sus intenciones egoístas, haciéndolas una carga pesada para las personas a quienes debían enseñar, guiar y amar.

Jesús denunciaba las falsas enseñanzas ya hacía algún tiempo y, pocos días antes de su crucifixión, los confrontó más directamente. Las palabras de los fariseos eran saetas inflamadas que alcanzaban la esencia de sus intenciones. Los llamó hipócritas y sepulcros blanqueados.

Esos hombres tomaban siempre un lugar de honor en los banquetes, usaban ropas ostentosas y alentaban al pueblo a llamarlos rabís. Enseñaban acerca de Dios, pero tenían una religión muerta, porque sus acciones no coincidían con ella. No practicaban aquello que exigían del pueblo: justicia, misericordia y fe en Dios. Se mostraban puros y justos por ser escrupulosos seguidores de la ley, pero escondían un mundo secreto de pensamientos y actos indignos.

Escuchar duras acusaciones y ver cómo sus máscaras caían los enfureció. En consecuencia, no deseaban otra cosa que la muerte de su acusador. La reprensión de Jesús nos alcanza hoy. La fe solo es viva cuando las acciones la anuncian. Ya sean líderes o laicos, cualquiera que profese tener fe debe mantener actitudes coherentes con esa fe. "Nadie puede llamarse veraz si trata de aparentar lo que no es, si sus palabras no expresan el verdadero sentimiento de su corazón" (Elena de White, El discurso maestro de Jesucristo, pág. 65).

Cargar el nombre de Dios o de una religión no nos hace mujeres piadosas. Lo que no hace piadosas y transforma nuestros pensamientos y acciones es la vivencia diaria real con Dios.

¿Deseas desarrollar tu fe? Relaciónate cada día con Dios. Entonces, como perfume suave, tus acciones anunciarán a los demás que caminas con él.

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