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El poder de la ADAPTACIÓN

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Sé lo que es vivir en la pobreza y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez (Filipenses 4:12).

Mary J. Ryan, autora del libro AdaptAbility, menciona lo que dicen los especialistas de la medicina del comportamiento sobre las personas que dominan el arte de la adaptación: "Viven más y mejor, porque compensan las hormonas del estrés que atacan nuestro cuerpo con actitudes positivas y comportamientos que liberan hormonas capaces de restaurar el equilibrio en nuestras células y en órganos y tejidos. Es por eso por lo que muchos especialistas definen la propia salud como adaptabilidad".

Infelizmente, pocos alcanzaron el grado de adaptación propuesto por Pablo. Aprender a ajustarse a las circunstancias es señal de madurez. Ese ajuste no significa rendirse ante la situación en detrimento de tus principios y valores. Pablo dio el mejor ejemplo de cómo adaptarse. No se sometía a los valores del mundo que lo rodeaba. No gozaba de seguridad física, financiera o social. Sabía bien lo que era tener hambre, sentir dolor y enfrentar peligros, pero se adaptaba a esas circunstancias, sin quejarse, reclamar, maldecir o desanimarse. En sus labios, siempre había acciones de gracias.

¿Cómo conseguía Pablo adaptarse así a las circunstancias, incluso sufriendo tanto? Por detrás de las elecciones de Pablo estaba la certeza de que Dios lo guiaba a un propósito elevado, como una brújula que guiaba al apóstol por los caminos difíciles.

Cuando nos rebelamos y nos entregamos a la autocompasión ante los pequeños infortunios, perdemos la gran oportunidad de entrenar nuestras fibras mentales y espirituales para cuando surjan los grandes infortunios. El secreto es aprovechar cada adversidad, por menor que sea, para aprender acerca de la adaptación.

¿Quién puede aprender a disfrutar de la escasez, de la pérdida y del sufrimiento? Tal vez no aprendamos a disfrutarlas, pero podemos aprender a ser resilientes. Y si necesitamos atravesar el sufrimiento, que pasemos con la cabeza erguida y con una alabanza de acción de gracias en los labios.

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