Regresar

Las mayores victorias

Play/Pause Stop
¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que si les hará justicia y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? (Lucas 18:7, 8).

Jacob estaba angustiado por el miedo y la culpa. Le había mentido a su padre y había engañado a su hermano, Esaú, quien en consecuenciacultivó durante años el deseo de venganza y ahora quería ejecutarlo. Jacob también huía de la opresión de su suegro. Llevaba consigo a su familia, sus siervos y animales. Y su hermano venía hacia él con cientos de hombres armados.

A la noche, solo y desesperado, clamando al cielo, luchó con Dios y recibió la certeza de que no estaba solo. ¡El más poderoso ejército del cielo estaba junto a él!

La historia de Jacob es nuestra seguridad de que Dios no rechazará a aquellos que fueron atraídos al pecado, pero que se volvieron a él con un arrepentimiento sincero. Entregándose a Dios, con fe, Jacob alcanzó lo que no había conseguido luchando con sus propias fuerzas. Ese mismo Dios puede obrar en la vida de cada una de nosotras. Ante los peligros y la desesperación, debemos confiar únicamente en los méritos del Cristo crucificado y resucitado.

Jacob prevaleció porque fue perseverante. Su experiencia es un testimonio del poder de la oración insistente. Necesitamos aprender esa lección de la oración que vence. Las mayores victorias de los siervos de Cristo y de su iglesia no son las ganadas por los talentos o la intelectualidad, por la riqueza o los méritos humanos. Son aquellas ganadas en la sala de audiencia de Dios, cuando nos acurrucamos adoloridos y temerosos, pero con fe, en el regazo del Todopoderoso.

David, completamente arrepentido, con amargura de alma en la sala de audiencia divina, obtuvo la victoria.

Ester y su pueblo, en la mira de la maldad de Amán, en el palacio invitó a sus siervas a una audiencia con Dios. Y fue victoriosa.

Abraham, con el corazón tembloroso, ante su hijo, que sería asesinado por él mismo, tuvo una audiencia con Dios en ese preciso instante. Y fue sorprendido por la victoria.

Jacob, bajo la amenaza de muerte de toda su familia, luchó literalmente en el cuadrilátero divino con Jesús. ¡Y venció!

¿Y tú? ¿Estás esperando alguna gran victoria? Entra en la sala de audiencia de Dios y lucha como Jacob, cuerpo a cuerpo si fuera necesario, pero no salgas sin la certeza de la victoria.

Matutina para Android