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El Recordatorio DE LA RUECA

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La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús (Filipenses 2:5).

Mahatma Gandhi inspiró movimientos por los derechos civiles y la libertad en todo el mundo. Empleó la resistencia no violenta en una campaña exitosa por la independencia de la India del Reino Unido. Un día, ese líder indio se la pasaba rodeado por los pobres de las ciudades indias donde la muerte y las enfermedades se propagaban rápidamente. Al día siguiente, estaba en los palacios y edificios públicos charlando con los hombres más inteligentes de la época.

¿Cómo conseguía estar entre esas distancias extremas y mantener su identidad y sus convicciones?

Gordon MacDonald, en su libro Ponga orden en su mundo interior, cuenta que Gandhi tenía un hábito. Después de cada aparición pública, ya fuera con ricos o con pobres, volvía a su casita, se sentaba en el suelo y comenzaba a hilar en su rueca.

Ese pequeño instrumento era el nivelador de su carácter. Después de los grandes momentos de reconocimiento público, Gandhi volvía a la rueca, y ella le devolvía la perspectiva correcta, de tal manera que no quedaba engañosamente engreído por las demandas del pueblo sufriente, ni tentado a pensar de sí mismo con demasiado orgullo, cuando salía de un encuentro con reyes o autoridades elevadas.

La rueca era un constante recuerdo de quién realmente era.

Lo que Gandhi hacía con la rueca es una lección que necesitamos aprender. Si no queremos ser llevadas y moldeadas por el mundo, necesitamos mantener el orden en nuestro mundo interior, permitiendo que sea constantemente reestructurado con nuevas fuerzas y nueva vitalidad.

Muchos buscan multiplicidad de realizaciones, acumular valores materiales, múltiples distracciones; quieren poner el mundo interior en orden tornándose más activos exteriormente. Ese modelo es el responsable por el fracaso de hombres y mujeres: sus experiencias espirituales fueron puestas en un segundo plano.

Dios puso un marco en el tiempo para mantener el recuerdo de quiénes somos: el sábado. Pero diariamente también podemos "hilar en la rueca", mientras buscamos la presencia de Dios y nos mantenemos en la perspectiva correcta sobre Dios, sobre nosotros y sobre el semejante.

Puedes tener una vida de gran poder, paz y serenidad, una vida de integración y confianza, una vida simplificada. Mantén en orden tu mundo interior y sé virtuosa en aquel que te llamó a la verdadera grandeza.

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