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Pasos de una Caída

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Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra [...] fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales (Efesios 6:12).

David no cayó de un momento a otro. La obra del enemigo es una acción secreta que mina las fortalezas de los principios: ser negligentes en la fidelidad a Dios y no confiar en él enteramente; y, a la vez, disponernos a seguir las costumbres y prácticas del mundo.

David era un hombre según el corazón de Dios, pero paso a paso se transformó en un hombre según el corazón de Satanás.

El reino de Israel era una nación poderosa. David tenía gran poder y su pueblo lo amaba. Como había honrado a Dios, era honrado por él.

Sin embargo, en el éxito se escondió su mayor derrota. Su primer paso en la decadencia fue descansar en su éxito, permitiéndose ser seducido por el poder, el lujo y las influencias de las naciones paganas, exaltándose a sí mismo.

El segundo paso fue disminuir la relevancia de los principios y de la malignidad del pecado. Para las demás naciones, los crímenes no tolerados en los súbditos no eran condenados si el rey los cometía. David se creyó inmune a aquello que condenaba en el pueblo.

Pero lejos de Dios, cómodo y desprevenido, su mente quedó más accesible al mal. El tercer paso fue escuchar las insinuaciones diabólicas que despertaron sus deseos impuros y lo llevaron al acto ilícito con Betsabé.

El cuarto paso era más fácil. Entregado a Satanás, se rebajó cada vez más. Se sentía culpable, pero no arrepentido. Necesitaba esconder su error. Betsabé estaba embarazada. Entonces trató de engañar a su marido a fin de que este se acostara con su esposa para que fuera posible justificar el embarazo, pero no tuvo éxito.

El quinto paso fue dado cuando, desesperado, bajo la sugerencia satánica, mandó a asesinar a Urías. Muerto por los enemigos en la batalla, Urías no le imputaría la culpa, Betsabé estaría libre para ser su mujer, las sospechas contra él desaparecerían y mantendría su honor real. 

Así, el justo e íntegro David se entregó al maligno y, como agente de Satanás, manchó su alma con el pecado, deshonró a Dios, a su familia y al reino.

Desde el principio, Satanás incita a los hijos de Dios a dar el primer paso. Fue así con los ángeles, con Adán, con Eva, y así es hoy también. y beb Para los arrepentidos, está el perdón divino, pero cuánto sufrimiento se puede evitar cuando decimos "no" a la primera insinuación del diablo. Resistamos, en el nombre de Jesús, al primer paso.

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