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La osadía DE UNA BEDUINA

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¡Sea Jael, [...] la más bendita entre las mujeres, la mas bendita entre las mujeres que habitan en tiendas de campaña! (Jueces 5:24).

En árabe, "beduino" significa 'nómade'. Hasta hoy, forma parte de la cultura de ese pueblo vivir en tiendas. Establecidos en un determinado lugar, generalmente un oasis, arman tiendas con estructuras de madera, piel de cabras, telas y fibras vegetales, que llegan a medir más de seis metros de largo y tres de altura. La tienda recibe una alfombra sobre la arena y está lista para ser habitada.

La vista más común de ese pueblo por los desiertos son las caravanas en búsqueda de agua y comercio, y el camello es el medio de transporte más usado.

Jael era la esposa de Héber, y no formaba parte del pueblo israelita. Pertenecía a la tribu de los quenitas: así como Jetro, el suegro de Moisés. Seminómadas en el desierto, tenían un contacto cercano con los israelitas. Trabajaban en la agricultura y la metalurgia, oficio que quizá hayan aprendido en las minas de cobre egipcias de la península del Sinaí.

El esposo de Jael había dejado a su propio pueblo y se había aliado a Jabín, rey cananeo, probablemente ayudándolo a desarrollar carruajes para las guerras.

Es interesante que Jael haya tomado el partido de los israelitas, y no el de los cananeos, aliados de su marido. Ella temía a Dios y puso su compromiso con él por encima de los compromisos con su marido.

Jael invitó a Sísara, el comandante del ejército cananeo, y le dio refugio en su tienda. Le ofreció leche o quizá yogurt, muy usado por los beduinos, y él se fue a descansar. Entonces, con osadía, tomó una estaca de la tienda y un martillo y mató a su huésped, gran enemigo de Israel.

Sísara había huido de los guerreros poderosos que lo perseguían, pero cayó en las manos de una mujer osada, y fue humillado. Jael recibió los honores por su acto heroico en el cántico de la profetisa Débora.

Es poco probable que tengas que clavar una estaca en la cabeza de un enemigo de Dios y de su pueblo. Pero, como mujeres de Dios, somos llamadas a luchar contra ideologías, mentiras y comportamientos que afectan a Dios y a sus seguidores. A veces, es necesario estar en desacuerdo con la cultura, con amigos allegados, con compañeros de trabajo y hasta con familiares para mantener firmes las convicciones propias que nos identifican con el Creador. ¡Que el Señor te dé la osadía de Jael para no temer cuando sea necesaria una acción radical!

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