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El himno "Cara a cara" es un clásico que escuché en mi infancia y O adolescencia, interpretado por las voces inconfundibles de Zilda y Elías Azevedo.
En septiembre de 1999, mientras Zilda y Elías se preparaban para participar de una campaña de evangelismo en Canadá, ella tuvo fiebre y le hicieron exámenes médicos.
Ese mismo día, mientras su hijo y su nuera oían el diagnóstico por parte del médico amigo de la familia, acerca de la gravedad del cáncer que comprometía su mediastino y sus pulmones, Zilda salió y volvió diciendo:
-Hice un pacto con Dios. Haré cualquier cosa, menos quimioterapia, para no comprometer mi lucidez... Quiero contar la lección de Escuela Sabática a mis nietos mientras pueda.
Nuevos estudios y una biopsia mostraron un tumor del tamaño de una naranja. Los pronósticos médicos eran sombríos.
En los próximos siete meses y medio Zilda hizo radioterapia y tratamientos naturales, y llevó una vida normal. Participó de la campaña de evangelismo en Canadá, grabó el video "Cantando y aprendiendo con la abuelita", y dio testimonio de su deseo de ver a Cristo. Nunca tuvo falta de aire, fiebre o dolor. Animaba a sus visitas, cantándoles.
En febrero del siguiente año cantó en la iglesia el himno "Dios sabe, Dios oye, Dios ve", sin dificultad. Dos exadventistas que estaban presentes decidieron ser rebautizadas. Puso sus manos en su pecho y dijo:
-Bendecido cáncer que salvó a dos personas.
Cierta tarde, Zilda estaba celebrando con su familia el retroceso del cáncer. Mirando a su mamá, a su nietita y a su nuera, dijo:-Pronto voy a descansar. ¡Al despertar voy a ver el rostro de mi Jesús! Dos días después, durante la tarde, sintió una pequeña molestia gástrica, pero estudió la lección con sus nietos antes de ser llevada al hospital. Los exámenes mostraron una grave compresión pulmonar. Aun así reía, charlaba y respiraba normalmente. Cuando la llevaron a terapia intensiva le cantó a la médica. Y veinticuatro horas después, a los 57 años, durmió para despertar y ver el rostro de Jesús.
Dos años más tarde, la médica de terapia intensiva le contó a la familia: "Fui tan impactada por su serenidad y seguridad ante la muerte que repensé mi vida, y un año y medio después fui bautizada".
Zilda vivió lo que de manera tan hermosa cantaba. Por su testimonio muchos se encontraron y reencontraron con Dios. En la mañana de la resurrección, cumplirá su gran deseo de ver a Cristo cara a cara.