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Argolla de oro en hocico de cerdo

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Como argolla de oro en hocico de cerdo es la mujer bella pero indiscreta (Proverbios 11:22).

El título del reportaje hablaba de soledad, antidepresivos y libros de autoayuda. En otros tiempos, había sido una dama poderosa que lideraba a muchas personas en el sofisticado estudio de la abogacía. Se había convertido en la esposa de un hombre con un alto cargo público. Había vivido ostentando zapatos, carteras y ropas de marcas famosas; había frecuentado caros salones de belleza; había estado rodeada de aduladores, amigos, joyas, autos, viajes, fiestas y hoteles caros. Ahora estaba condenada a años de reclusión por asociación criminal y lavado de dinero. La vida de lujos había quedado en el recuerdo.

La Biblia menciona la belleza física de las mujeres, pero siempre destaca su belleza interior.

Desdichadamente, hoy vivimos la dictadura de la belleza externa, creada por la industria de la apariencia. A veces, uñas perfectas, cabello impecable, rostro angelical, cuerpo escultural pueden esconder un carácter defectuoso.

Salomón comparó un rostro bello en un cuerpo esbelto sin sabiduría con una joya de oro en un hocico de cerdo. Los puercos, en general, son sucios, comen basura y frotan el hocico en el barro maloliente. ¿Quedarían más bonitos con un piercing de oro en la nariz?

"Argolla de oro en hocico de cerdo" puede representar a la mujer bonita, pero indiscreta, que desparrama chismes, y causa disensión en la familia, en el barrio, en el trabajo, en la iglesia o donde quiera que esté. No es prudente, habla lo que le viene a la mente, no tiene decencia en su comportamiento, es inconveniente, tiene actitudes insensatas, es de difícil trato, quiere siempre tener la razón -aun cuando no la tenga-, no teme herir a los demás con sus actos. Son mujeres preocupadas con la apariencia, que ignoran la belleza interior, la discreción y el temor a Dios, volviéndose vulgares en su modo de vestir, hablar, ser y de relacionarse. Como argolla de oro en hocico de cerdo, la belleza exterior de esa mujer no es capaz de suplir su falta de discernimiento.

Proverbios 31 describe las verdaderas virtudes que una mujer debe manifestar: hablar con sabiduría y bondad, cuidar de su casa, no ser haragana y recibir alabanza de su marido y de sus hijos. Ese tipo de belleza, no la pueden producir ningún salón de estética y ninguna cirugía. La mayor preocupación de una mujer sabia debe ser el desarrollo de su carácter.

Ante esta verdad, ¡busca siempre la belleza que refleje el carácter de Cristo en ti!

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