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Tan Poca Fe

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No tengan miedo -les respondió Moisés-. Mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor realizará en favor de ustedes (Éxodo 14:13).

El pueblo de Israel había pasado por un desfiladero rocoso y estaba acampado junto al mar Rojo, cuyas aguas eran una barrera aparentemente insuperable. La columna de nube y de fuego los protegía del sol y del frío, recordándoles siempre del cuidado de Dios.

En Egipto, la salida definitiva de los hebreos alborotó a los consejeros del faraón, y este reunió todos sus carros de guerra, caballeros, capitanes, infantería y sacerdotes para ir tras los hebreos.

De repente, el pueblo vio un ejército aproximándose y todos se desesperaron. Unos clamaban al Señor, pero la mayoría se quejaba: "¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos sacaste de allá para morir en el desierto?" (vers. 11).

Moisés se sintió chasqueado con la pequeña fe del pueblo. ¿Cómo podían acusarlo de los peligros si él simplemente había obedecido a Dios? ado

Había sido revelado a Moisés que el faraón los perseguiría, pero que Dios sería honrado al librarlos. El manso líder dijo a los israelitas que se calmaran y esperaran en el Señor.

El pueblo indisciplinado, en ese momento, perdió la razón, lloró en alta voz, se desesperó y apeló a la violencia. Vieron con mal presentimiento aún la columna de protección divina. Mientras el ejército egipcio se aproximaba, la columna de nube se interpuso entre los israelitas y los enemigos, como un muro de tinieblas, y ellos se detuvieron. Por otro lado, la nube iluminó todo el campamento. ¡Y la esperanza renació!

Se ordenó al pueblo que marchara. Cuando Moisés extendió la vara, las aguas se dividieron y se abrió un camino seco en el medio del mar. Los egipcios reanudaron la persecución con los caballos, carros y caballeros hasta el medio del mar. Entonces, la nube misteriosa se transformó en una columna de fuego; hubo truenos y relámpagos y lluvia fuerte. Confusos y espantados, bajo la ira de Dios, los enemigos intentaron regresar, pero Moisés extendió la vara y el paredón de agua volvió violentamente al lecho, devorando al ejército egipcio.

Por la mañana, los hebreos vieron asombrados los restos del poderoso adversario que los había amenazado. Y alabaron a Dios por la milagrosa liberación.

La Providencia había llevado a los hebreos a esa situación de imposibilidad humana, con el fin de manifestar su poder y fortalecer la fe de ellos. Cuando parece imposible seguir avanzando, Dios insiste: "Sigue!". Si deseamos ver el milagro, necesitamos simplemente obedecer.

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