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En la Biblia Timná aparece en dos lugares. Uno de ellos es en la historia de Sansón. Fue en esa ciudad, ubicada en el valle del riachuelo de Sorec, entre las montañas de Judea donde Sansón se enamoró por primera vez, de una filistea, y les pidió a sus padres que hicieran los arreglos para el casamiento.
Dios tenía una sagrada misión para Sansón. Cuando el ángel se apareció a su madre, le dio orientaciones para su educación. No debía beber vino ni bebida fuerte, ni comer cosa inmunda. Aún su propia madre debía cuidar sus hábitos, pues la influencia materna sobre un hijo es grande.
El ángel prohibió todo lo que fuese inmundo, por motivos ceremoniales y también por cuestión de salud. La vitalidad de los judíos puede ser atribuida en gran medida a la obediencia a los principios de temperancia, los cuales nos enseñan a dejar de lado todo lo que es nocivo y a usar con equilibrio lo que es saludable. Nota cómo esta reflexión sigue vigente: "Pocos son los que comprenden debidamente la influencia que sus hábitos relativos a la alimentación ejercen sobre su salud, su carácter, su utilidad en el mundo y su destino eterno. El apetito debe sujetarse siempre a las facultades morales e intelectuales. El cuerpo debe servir a la mente, y no la mente al cuerpo" (Elena de White, Patriarcas y profetas, pág. 605).
Si Sansón hubiese obedecido a las órdenes divinas como sus padres, su historia hubiera tenido un final más noble y feliz, pero procuró amistarse con los enemigos de Dios y de su pueblo. Y ellos influyeron para que quebrantara los principios bajo los cuales vivía, y de los cuales su fuerza dependía. Sansón comenzó a beber y a participar de las fiestas promiscuas de los filisteos. Y así se corrompió. Ese fue el comienzo de la derrota de Sansón.
Cada vez que Dios elige a alguien para que sea su instrumento especial, Satanás también procura que se transforme en su instrumento. La estrategia del maligno es atacarnos en nuestros puntos débiles. Trabajando en sus defectos de carácter, procura tener dominio sobre su víctima.
No necesitamos ser vencidas, por cierto. Pidamos ayuda divina en los momentos de necesidad. "Los ángeles de Dios [...] ayudarán a toda alma que desee subir hasta el cielo más elevado" (Patriarcas y profetas, pág. 613).