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Cristiano por conveniencia

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Pero mi pueblo no me escuchó. [...] Por eso los abandoné a la terquedad de su corazón, para que actuaran como mejor les pareciera (Salmos 81:11, 12).

Los israelitas se preparaban para cruzar a Canaán. Estaban en la frontera de Moab. Sabiendo de las fuerzas sobrenaturales que los protegían, Balac, rey de los moabitas, decidió usar hechicería para maldecirlos. Cerca de allí vivía Balaam, conocido por tener poderes sobrenaturales. Este era un profeta de Dios, pero había apostatado y se había entregado a la codicia, aunque aún profesaba ser un siervo del Altísimo. dne

Balac les pidió a algunos príncipes que buscaran a Balaam para maldecir a los israelitas a cambio de dinero y regalos. Dios había dicho a Balaam que no fuera. Pero, debido a la tentación, Balaam estaba dividido entre obedecer a Dios o a Balac. Como no estaba muy convencido de obedecer a Dios, Dios permitió que fuese, pero advirtió que el "profeta" solo diría lo que él le ordenara. Determinado a no perder la recompensa, Balaam buscó su animal y comenzó ansioso y receloso su viaje.

El Ángel del Señor se le apareció. Al verlo, el asna se apartó del camino y Balaam la trajo nuevamente con crueles azotes. Dos veces más el Ángel se interpuso en el camino. El asna nuevamente se apartó y fue nuevamente azotada sin piedad. Fue entonces cuando Dios hizo que el asna hablara: "¿Se puede saber qué te he hecho, para que me hayas pegado tres veces?" (Números 22:28). Balaam estaba tan irritado que ni siquiera se sorprendió de que el animal estuviera hablando. Respondió sin pensar: ¡Es que "te has burlado de mí!" (vers. 29). Esta habló nuevamente: "¿Acaso no soy la burra sobre la que siempre has montado hasta el día de hoy? ¿Alguna vez te hice algo así?" (vers. 30). Entonces Dios abrió los ojos de Balaam. Y vio al Ángel del Señor de pie en el camino con una espada desenvainada en su mano. Entonces Balaam se inclinó y cayó rostro en tierra ante él. El Ángel entonces le dijo que era codicioso y terco, al punto de no importarle maldecir al pueblo de Dios por dinero y regalos. Aterrorizado, Balaam reconoció que había pecado. Y partió para bendecir al pueblo, lamentando que sus planes hubieran sido frustrados. Por eso el Espíritu de Dios lo abandonó, por haber escogido la codicia. Posteriormente indujo a Israel a la idolatría, y, en la guerra de Israel contra los madianitas, fue muerto. El pecado de la codicia hizo de Balaam un cristiano por conveniencia. Apartarse de la integridad es peligroso.

Hoy en día muchas personas conocen la Biblia, pero, cuando descubren que es contraria a sus gustos personales insisten en pedir a Dios pruebas para ser dispensados de la estricta obediencia. ¡No seamos así! Pidamos fuerza y sabiduría divinas para obedecerle.

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