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¡Ánimo, mis hijos!

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¿No son todos los ángeles espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación? (Hebreos 1:14).

Por detrás de la Universidad Adventista de Avondale, en Australia, fundada en 1897, hay una historia inspiradora, contada por Ella Robinson, nieta de Elena de White.

Pocos meses después de llegar a Australia, Elena de White había hablado acerca de la necesidad de un colegio en el país, donde se enseñara agricultura y otras actividades. Los hermanos dijeron que quinientos adventistas eran insuficientes para costear semejante emprendimiento. Pero el grupo fue organizado y, después de visitar algunas propiedades caras, encontraron un lugar en Brettville, a tres dólares el acre.

Elena de White fue a ver el lugar con un grupo de amigos. En el camino, les contó un sueño que había tenido:

Un ángel buscaba una propiedad para construir un colegio. Elena caminaba con amigos en el bosque. Al llegar cerca de un claro, había un surco recientemente abierto con un arado. Dos hombres se acercaron, diciendo que el terreno no era propicio. El ángel les respondió que la tierra se adaptaba para el cultivo de frutas y vegetales, y que produciría muy bien.

Confiados, llegaron al lugar. Después de un tiempo caminando, los hombres se acercaron a un claro, en cuyo centro había un surco recientemente abierto, del tamaño de aquel que aparecía en el sueño. Dos miembros de la inspección miraron y evaluaron la tierra arenosa y ácida. ¿Quién habría hecho ese surco? Nadie había estado allí antes.

Elena de White volvió a contar el sueño que había tenido. Al regresar, solicitaron que un inspector del gobierno evaluara el suelo: el informe fue desfavorable.

Confiados en la dirección divina, votaron la construcción del colegio en aquella propiedad y comenzaron la construcción.

Ella Robinson, que era adolescente en aquella época, relata las perspectivas desalentadoras, como la falta de dinero y de personas para el trabajo. Frente a tantas adversidades, oyó a su abuela decir: "¡Ánimo, mis hijos! ¡Esto es una resurrección, no un funeral!". 

El colegio fue construido. Muy pronto árboles frutales y una huerta comenzaron a producir frutas y hortalizas. Cerca de un año después del inicio de las clases, Australia sufrió una severa sequía. El ganado y las ovejas morían a miles. Un diario local informó de la triste situación y destacó al colegio de Avondale como un lugar no afectado por la sequía, comparándolo con un oasis en el desierto.

¡En momentos de crisis, Dios envía a sus ángeles para suplir nuestras necesidades!

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